Narrar implica siempre un ejercicio de conciencia de lo propio y de lo ajeno, que fluctúa entre el ego y el descentramiento en pro de aprehender algo universal en el emocionario humano.
Autor: Ana de Lacalle
El pasado dejó propiamente de ser tiempo, el presente es el tiempo en el que aparecemos para el otro, pero el que menos revela de nosotros y el futuro es un supuesto tiempo que se mostrará en presente. Cabe sospechar que solo somos en presente y que el tiempo, como tal, es un supuesto que
El silencio nocturno musita las ausencias de los que ha seducido el sueño. Así, quien en vigilia siente ese susurro se siente protegido de mirada alguna, presente entre la ausencia que dormita, sosegado y seguro para ser quien es sin tapujos, ni consideraciones ajenas. Acaso los insomnes sean zombis escudriñando su cobijo en el mundo.
Sabiendo, como sabemos, que la realidad es implacable porque no se aviene a sucedáneos, insistimos en idear imposibles.
Cuando solo esperamos una ratificación de nuestras palabras, no porque digan verdad, sino porque manifiestan sentires, no procede desplegar una ristra de argumentaciones, sino abrazos cómplices.
Cuando alguien solícito nos pide unas monedas por la calle, es cierto que no azotamos al eje del mal, respondiendo a esa persona con un desayuno o algún euro. Pero, aliviamos en algo su situación y no ahogamos el grito de nuestra sensibilidad.
Originalmente publicado en FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO:
Si existe algún ámbito en el que no puede admitirse el pensamiento como único, en el sentido de constatar la imposibilidad de creatividad y alternativa alguna, ese es el de la Filosofía. Puede percibirse el intento de imposición de una forma única de entender las sociedades y las culturas…
Lo sustancioso es lo que confiere sentido e identidad al sujeto. Quien no ha padecido una fase de insomnio no ha encarado su vacío vital.
El insomnio es el estado de vigila permanente de quien no puede desviar su mente de asuntos tremendamente sustanciosos.
Todo conflicto se resuelve, mal o bien, por inercia propia. Pésimamente sentenciado, su pervivencia es una lacra insaciable.