El otoño, en los humanos, también exige mudar ciertos apéndices que no son invariables –como los árboles mudan sus hojas- Pero optamos por comportarnos como seres perennes, como si el tiempo y la edad pasaran en balde. Preferimos continuar siendo jóvenes eternos, aunque sea lo más ridículo que podemos hacer con nosotros mismos.
Autor: Ana de Lacalle
Saboreamos la hiel más amarga con tal de hallar las respuestas primordiales. Y tras ese trago afligido y prolongado damos con lo inexpugnable, lo inextricable, como quien topa al final del camino con un eco abisal del que solo siente resonar sus propias preguntas.
Un mazazo asestado en el talón de Aquiles ajeno, no se compensa con disculpas. Tal vez exija un empeño surgido de las entrañas que clame perdón.
Absurdo se predica de lo contradictorio, de lo que carece de sentido o razón; así es un calificativo que deviene adecuado a multitud de discursos y acciones que, no obstante, se mantienen como pautas sociales recomendables.
Hay quien no entiende aún qué significa regurgitar la acidez vacua de la existencia. Solo necesita más tiempo.
Quedarse sin voz por exceso de agitación interna, exige pausar las palabras.
El trasiego y la intensidad de un conflicto político y público pueden acabar generando la pasividad por desbordamiento y saturación mental del ciudadano ante tanta incertidumbre prolongada. Algunos –agotados-esperan lo que sea que deba acontecer casi desconectados del día a día, para rebajar su nivel de ansiedad. Esta actitud de supervivencia psíquica evidencia carencia de
En un cubículo cerrado donde solo se dispone de palabras, éstas devienen lenitivos o cuchilladas.
Si en un corazón no cicatrizado derramas aceite hirviendo, estás vertiendo los mismos ácidos que ya lo desfiguraron antaño.
Cuando las palabras ajenas te invalidan, acaso no sea el otro más que siervo de su propia miopía.