El odio se inocula en las masas con insistencia y perspicacia, voluntaria y contra la supuesta voluntad. Una vez contaminada circula como un virus que no acepta resistencias, ni contrariedades o cuestionamientos porque ante estos se ceba especialmente generando confrontaciones febriles de difícil resolución. Sabemos que los virus no tienen cura, que requieren su tiempo
Autor: Ana de Lacalle
Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo: tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de derribar, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de
Tras una vida sufrida, sino no hay vida, solo cabe aguardar la consciencia de la muerte, siempre prestos cuando llegue.
Situarse frontalmente ante la muerte, obligado por una enfermedad terminal que te consume, exige la fortaleza de querer morir sin dejar cuentas pendientes.
El pasado no es tiempo propiamente, sino lo que recordamos o regresamos al corazón insistentemente. Así, constituye presente activo latiendo al ritmo de nuestra actualidad, fundido y confundido.
Un acontecimiento aguardado puede enmudecer y paralizar como punto álgido de la tensión sostenida. Solo resta que se despliegue en su totalidad para desvelado lo temido se recupere el habla.
Según Nietzsche, sentirte “hijo de Dios” no deja más alternativa que vivir como Jesús enseñó a vivir, el cual no hizo sino eso: mostrar la forma de vida de los hijos de Dios. Estas palabras tienen una implicación silenciadas en el pensamiento nietzscheano, porque muestran que ser cristiano es una apuesta definitiva por una lucha
En los arrabales, se registran contenedores de basura y desperdicios, por si pudieran no ser tal cosa, y recicladas con maña sirvieran nuevamente. En los arrabales, se registran los contenedores de los supermercados a su cierre, por si la comida caducada pudiera no estarlo, y cocinada con amor alimentara con nutrientes. En los arrabales, y
Somos rehenes de nuestros prejuicios, nuestra ignorancia y falta de capacidad crítica. Pero, sobre todo del no reconocimiento de esa insuficiencia que poseemos para emitir un juicio fundamentado en diversidad de aspectos. Sócrates ubicaba la sabiduría, que la pitonisa le atribuía, en la conciencia de su propia ignorancia, en ese rastreo insaciable de conocer y
La coacción subrepticia ejercida sobre la voluntad de los sujetos, o bien los convierte en títeres abducidos, o, por el contrario, genera en ellos una erupción volcánica.