Un susurro suave fundido con la brisa, casi imperceptible, que parece repetir: “Nadie te va a oír” como si fuera un viejo oráculo maldito, ya satisfecho y en plena expansión. Un gesto elocuente y brusco que trunca la quietud y el mantra persecutorio. Busca desesperadamente voces diáfanas y reales con las que entrelazar su propia
Autor: Ana de Lacalle
Turquía amenaza con abrir sus fronteras a Europa para que pasen los tres millones de refugiados que tiene retenidos. ¿Alguien se ha preguntado por el estado de esas personas tras el gran pacto –por el que pagó, algo así como que les vendió el sobrante- al que llegó Europa para zafarse del problema? Vergüenza. Inhumanidad.
A propósito del veinticinco aniversario de la muerte de Freddie Mercury a causa de una bronco-neumonía sobrevenida por el virus del SIDA, desearía dedicar unas letras en memoria de las generaciones que sucumbieron a esta enfermedad simplemente por ignorancia. Por desconocimiento de la existencia del maldito virus contra el que aún, hoy en día, luchan
A medida que transcurren los años una se afana por intentar dejar a sus hijos en herencia el secreto de la vida y de la muerte. Ni pisos, ni depósitos rentables, ni ahorros considerables en una cuenta bancaria ¿Para qué? Esos bienes materiales solo nos tientan cuando tenemos accesos crematísticos por estimulaciones capitalistas; pero, después
El tiempo curte la sensibilidad del individuo haciéndolo menos susceptible de dejarse arrasar y perder la perspectiva más racional, en las ocasiones en que se requiere. Pero, también es cierto que determinadas habituaciones a formas de sufrimiento humanas, que le son del todo ajenas, le insensibilizan hasta umbrales que parecen convertir al individuo en un
Suena el teléfono. Una ONG de médicos me ruega colaboración para continuar asistiendo a las víctimas de los bombardeos y ataques de Alepo. Mi respuesta acongojada es que tendría posibilidades de ampliar la aportación cuando reciba la paga. Quedamos en telefonearnos a mediados de diciembre, colgamos. Suena el teléfono. Otra ONG en defensa de los
Los inmigrantes, absorbidos por la tierra de acogida, prefieren perder la identidad del colectivo del que procedían a ser escupidos. Nada causa más terror que la vuelta a la penuria, cuando ya se dejó atrás.
Pensaba, mientras roía la zanahoria más dura de mi vida, ¿Qué pasaría si al tener hijos en lugar de arrastrarlos detrás de nosotros, nos adaptáramos a ellos? Es decir, abandonáramos nuestra vida de adultos y asumiéramos nuestra vida de padres, sometiéndonos al orden, las pautas, los hábitos, la repetición de estos o la monotonía que
“Los niños envueltos en sangre y rotos de dolor parecen ser el último baluarte de nuestra conciencia, después solo nos queda ser monstruos” se dice mirando el plasma desde su sofá. Lástima para tanto infante desmembrado que ya no le queda nada, tan solo cuando muera chivarse a Dios, como amenazó hace un tiempo aquel
Entendiendo que hoy es el día en que el programa de Salvados emitido ayer por la noche será analizado y descuartizado , ya que osó adentrarse en ese tema nada problemático que –al margen del título que llevara-se convirtió en una conversación profes-padres después de observar declaraciones de los hijos en el aula. Una escenificación