Quien se expone puede ser ninguneado, quien se esconde ignorado.
Autor: Ana de Lacalle
Hay mensajes que proclaman una vida que deseo sea ensalzada por siempre.
Durante el año que acabamos de cerrar, el número de suicidios ha duplicado al número de muertes por accidentes de tráfico. Sin embargo, aunque todos somos conscientes del esfuerzo que se ha llevado a cabo para disminuir los accidentes automovilísticos, no parece que las autoridades sanitarias hagan ningún esfuerzo por luchar contra esta tendencia alza
Zanjado el ritual de la natividad de Jesús, cedamos paso con la misma intensidad a las auténticas natividades, en absoluto reiterativas, que ya claman justicia, a las que son idea y no hay virgen ni espíritu que las geste, a las que no caducan ni con la muerte de unas víctimas, porque siempre hay otras.
Nada guarda más distancia de uno mismo que la propia ultimidad
Existe una idea recurrente a lo largo de la historia de la filosofía, que en tiempos duros como estos no puedo evitar recuperar. Desde los griegos, parece que algunos filósofos han coincidido en distinguir dos tipos de hombres: los que han visto por su habilidad más elevada que la mayoría, hombres sabios, despiertos, más desarrollados,
Únicamente piensan profundamente quienes no tienen la desgracia de estar aquejados de sentido del ridículo, decía Cioran; Así, hay muchos que solo mariposean con palabras porque esa frivolidad les permite tolerarse a sí mismos.
La estulticia, esa terca necedad, nos precipita a ser imprudentes y presuntuosos.
La naturaleza determina nuestras capacidades. El umbral de estas posee una elasticidad proporcional al esfuerzo con el que las ejercitamos. Al igual que el cuerpo debe entrenarse largo y duro para superarse, la mente no está exenta de este ahínco para crecer. Quien crea que es posible el desarrollo sin sacrificio, no excederá nunca el
Entretejiendo tupidos tamices emulamos la consistencia.