Los formalismos encubren el alma de una cordialidad educada, pero que como impostación social impide discernir la veracidad que guarda. Así, todo formalismo o encuadre preestablecido que oriente las relaciones humanes las enturbia de una nebulosa de ambivalencia que difícilmente permite vislumbrar hasta donde llegar el decoro y hasta donde la veracidad de lo manifestado.
Categoría: Anagramas
Pretender que un relato fracasado de raíz y sustentado en una colusión parental patológica, pueda generar algún final feliz, es permanecer sumido en ese submundo psicótico que da cuenta de cómo se es.
Nunca he percibido paralelismo entre asesinato y guerra, porque solo soy capaz de captar una identificación frívola de los que arrasan con vidas creyéndose legitimados. ¿Quién otorga el derecho de matar? No hay Dios que por definición ose hacerlo, porque dejaría de ser Dios. Y si, suponemos no hay, de hecho, ningún Dios, ¿quién se
Confiados y sabiendo que la DGT vela por la seguridad de nuestras vidas, incluso en contra de nuestra voluntad de adultos libres –ponte el cinturón sí o sí- sé que deliro cuando veo niños incluso de tres añitos de paquete en la moto con sus papis –eso sí con el casco que rebota- Eso sé
Mientras escaseen las noches para dormir la existencia, y sobren los días para reincidir en el monótono argumento que nos permite, de la luz, volver a la oscuridad de la inconsciencia bendita, nada de cuanto hagamos alargará las noches y decrecerá los días; o por el contrario, tampoco surgirá un gesto único que venza el
El miedo al ridículo es el pavor más básico que expresa la inseguridad de no ser aceptado por no cubrir las expectativas del entorno. Se concreta es aspectos tan sencillos como no andar bien, no tener el tono de voz adecuado, parecer feo, no ser simpático o serlo en exceso, mostrarse tímido y no acertar
El vínculo político es siempre un interés a negociar, que se ajusta más a un pacto o contrato. La ingenuidad hizo al hombre creer que un poder concentrado y consentido respetaría ningún acuerdo, más que las propias ansias explícitas o solapadas de dominio y manipulación de los individuos, que huidos de la naturaleza sin ley
Una mujer septuagenaria se me acerca con una medio sonrisa vibrante, muy bien esa camiseta solidaria[1], como su tono de voz mientras palpita las palabras, hay una pobre mujer cada mañana en una esquina y siempre le digo cuánto siento que tengas que estar aquí, qué sociedad más injusta, es terrible, y ya no lagrimea
Si relegamos el rostro ajeno, sucumbimos a perpetuidad a perder el propio ante el espejo, porque aquel que no se reconoce en el otro no puede hacerlo en un otro especular. Y es que, tal vez quepa decir, el rostro no es la apariencia física –sería la cara- que parece diferenciarnos, sino la expresión del
Desvivirse sería estrictamente retroceder a etapas anteriores de la vida. En rigor, no podemos más que intensificar el desgaste vital y vivirnos más de lo apropiado. Pero tampoco la híper-vida garantiza lo incierto que andamos anhelando. Ya no hay dilema hamletiano, porque ambas opciones tienen la misma respuesta.