Sentía todos sus órganos amarrados – ¡hasta la piel! – como si estos estuviesen dirigidos por una mano invisible que los llevaba a fluctuar a su antojo. Las manos paralizadas, aunque manteniendo la movilidad de los dedos, los brazos rígidos en continuidad con las manoplas y la imposibilidad de hacer el gesto de rotación del
Categoría: Relatos y otros
Llovía con intensidad y rabia, aunque lo que se precipitaba desde el cielo más que agua parecían agujas finas y punzantes que los transeúntes esquivaban, o en su caso gritaban a causa del aguijonazo. Era como si se hubiese desatado la ira de dios, esa de la que tanto habla la biblia. La gente asustada
El día amaneció nauseabundo, emergiendo con la resistencia de no querer alborear, como si fuese posible prescindir de una jornada que quedó manchada de sangre, alaridos y terror. Ya no puede haber más que un once de marzo bajo el sol, ese que provoca la regurgitación de un dolor inmensurable. Ese del que solo pueden
Los reencuentros pueden producirse por casualidad o, en la mayoría de las ocasiones, porque una persona busca a la otra. Las redes sociales son hoy fuente de muchos de esos reencuentros porque nos permiten rastreos de aquellas personas que formaron parte de nuestra vida -en esa variedad de formas de relación que se dan- en
Sus miembros estaban fosilizados, o al menos así los sentía ella. Solo los ojos podían recorrer de hito en hito el margen que la concavidad ocular le permitía. Era solo clisos, observando lo que quedaba a su alcance y llena de un pavor que ni tan siquiera podía manifestar temblando, por el anquilosamiento de su
Hay cierta tristeza impregnada en cuanto toco, en la cotidiana desmedida de cada suceso. Quizás, emane de la ausencia de esas miradas que se encontraron sin paisaje, sin encuadre; solo ojos y gestos faciales que sin decir nada, decían mucho o acaso provocaban la incertidumbre de si las emociones sentidas eran propias o del otro
Me llaman Txell, Meritxell Palau. Lo expreso así, no por pedantería o porque me haya abducido un personaje del oeste americano, sino porque en rigor, todos sabemos que los que nos llaman son los otros. Excepcionalmente, uno puede proferir su nombre de manera retórica como una forma de animarse, o bien regañarse, o…pero propiamente no
Tan a la moda estaba que se hallaba en el abismo de la depresión y la ansiedad. Su cuerpo era un temblor infinito que percutía alrededor y alteraba la armonía ausente de su entorno. Abrumado por su modo de ser, por muy abundante que fuese, se sentía único, singular y aislado. Con tal de superar
Veo a la niña clamar con un llanto sordo: Y a mí ¿Quién me cuida? Miro a la adolescente exigiendo exclusividad. Contemplo a la adulta en la que se convirtió masticar la soledad en el vacío y el olvido. Clavada la indiferencia que percibe en un llanto más explícito, hoy. Y su pregunta, su duda,
No sé cuánto tiempo hace que dejamos de vernos más a menudo. Mi memoria se minimiza progresivamente como si se transformase en un receptáculo poroso por el que se filtra de manera inmediata cuanto contiene. A veces temo dejar de existir. Si no retengo nada, no seré más que un instante que si tan siquiera









