Anudadas una diversidad de confusiones presagian un colapso mental, propio de quien o se vacía la mente o se vacía de mente.
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Si surge la cuestión por lo obvio, en un contexto dado, es que no hay obviedad.
Es tremendamente duro reconocernos incapaces, pero mucho más digna la ineptitud que la impostura.
Si al retumbar huecas las palabras no hay más que soledad, simultáneamente se cercenó la posibilidad de conexión y de abandonar ese estado de autismo transitorio.
Nos preparamos para lo peor con la fantasía mágica de que así lo evitaremos.
Ser testigo y parte de un acontecimiento demoledor es un esfuerzo casi psicótico.
Las formas de la literatura deben ser tan elásticas y sorprendentes como las historias que narran, solo así se aprehenden vidas que superan la mera existencia.
Quién no se ha descubierto, en alguna ocasión, como un esperpento patético de sí mismo, desinhibido, a-culturado y salvajemente diáfano.
Donde reste un espacio para tu decir, que nadie usurpe tus palabras.
Asolados por una obsesión, casi maniaca, algunos políticos nos llevan, no al abismo del que ya nos hemos precipitado, sino directamente al vertedero.