El carnaval es la catarsis postmoderna. Nos otorga la posibilidad de desenmascararnos, paradójicamente, y mostrar lo más genuino y autentico que estamos exigidos a ocultar, porque bajo el embrujo del disfraz nos hallamos legitimados a ser, sin prejuicio ni juicio. Así, un adolescente que se disfraza del hombre verde -Hulk o la Masa- está vertiendo
El tiempo acaba deviniendo el fluir de nuestra existencia, como si no fuese más que una cualidad que nos pertenece. Ignoramos, o actuamos como si, no nos trascendiera su discurrir y declinara con nuestra decadencia. Esta apropiación de lo temporal es una manifestación más del egocentrismo humano, que excede el hecho de que conozcamos el
En todo relato político o metafísico –y no sé si propiamente hay algún tipo de discurso que no afecte a la Polis, como entorno natural del humano, sea explícita o implícitamente- subyace la voluntad de imponer una cosmovisión como la válida y auténtica. Eso que Nietzsche denominó voluntad de poder y que actúa, casi inconscientemente,
Como asevera Bruno Bettelheim en el prefacio de su obra “Freud y el alma humana”[1], las traducciones inglesas, en su afán de cientifismo, han vertido una versión distorsionada de los textos originales de Freud: “Conversaciones sostenidas con mis amigos han puesto al descubierto que muchos que, como yo, tienen el alemán como lengua materna y
Excelente lectura de un fragmento del relato «El hombre Epidérmico», para que degustéis la sinfonía de la obra. Gracias a todos los que hebaéis contribuido a su realización. http://www.celebreeditorial.es (13 euros)
Desde una lógica de lo útil, somos en apariencia altamente ineficaces. Producimos relatos fantásticos y metafóricos espléndidos estéticamente, inmensidad de literatura mediocre, ritos sociales de celebración o duelo, utilizamos nuestro tiempo de ocio a veces con coste nimio, acudimos a las plazas a charlar,…y un sinfín de actuaciones poco relevantes para el bien de la
Los senderos encubiertos, que no se avienen con la ruta de la ortodoxia cultural, deberían ser rastreados con el digno propósito de generar su aparecer. Una vez mostrados pueden ser escudriñados y posteriormente surcados o no. Pero lo que no cabe es una ortodoxia borreguil que nos ningunea, nos anula, nos difumina hasta la extinción.
Desahuciados por la inanidad acomodada como una epidermis propia, respiramos por respirar, con una inercia vegetativa que nos mantiene aquí; casi como estoicos insensibles al acontecer: apáticos, indolentes, desidiosos. Así, per, permanecemos sin vivir, como un cántico a la ausencia que nos ampara. Quizás, resurjamos un día para perecer con la absoluta convicción de que
Desde el momento en que alguien se adhiere a una ideología –de esas establecidas ya con solera- debería derivar consecuentemente lo que es pertinente. Cierto es que ocurre, que esa coherencia lógica puede llevarnos a juicios de valor espeluznantes. Y no porque no sean políticamente correctos, sino porque vulneran la dignidad de las personas. Si
Lo que prevalece es quien sentimos ser, no quien somos: ahí radica el antagonismo de nuestra condición, la redención y la condena.