Hay espasmos musculares tensos y rígidos que no son más que somatizaciones de cortocircuitos sinápticos ante la percepción de acontecimientos no gestionables: rostros pueriles secos y gélidos cuya mirada no ve, y cuya vida se desintegra. Justo aquí, en la modélica Europa.
Destilar un aire pavoroso por la complejidad casi monstruosa, es causa de repulsión y aversión ajena. Nadie está obligado a lidiar con fantasmas de otros, cuando los propios acechan en la puerta.
Un esfuerzo ímprobo nunca trasciende la propia subjetividad.
El asco indiscriminado es un rechazo irracional que o es dominado o se torna fóbico.
La carencia de lenguaje es una carencia de ser, que todos padecemos.
a través de Crítica a «La sociedad del cansancio» A contracorriente. clica enlace
Ningún tiempo es perdido, entendido como período infértil, en blanco. Todo cuanto aconteció, hicimos o quisimos, pasivamente, reducirnos a reacción, fue necesario para constituir quién somos. Obviamente, no hay tiempos determinados, pudimos ocuparlo de formas diversas con nuestras decisiones y acciones –sin menospreciar las limitaciones- pero una vez sustanciado, no podemos dar cuenta de nosotros
Nos enervan menudencias cotidianas que desearíamos extirpar del cansancio que producen, porque los gestos cuando son hábitos repetitivos pierden su valor.
Hay quien demanda ayuda por el vértigo que siente ante su vacío abisal, y creyendo estar en el sitio y lugar apropiados, tras años de hurgar y haberlo hallado, alguien le espeta: “Yo no tengo la solución. El agujero es suyo”, aunque se precipita ese hábil interlocutor a aderezarlo enseguida, ya bulle en el
Cualquiera puede abatirse en el trasiego cotidiano acelerado y exigente. Si, además, pretende ahondar y cultivar su interioridad con el coraje de la autenticidad, no es preciso que ningún caritativo ajeno lo remache con una puya letal. Sustentar la vida, en esta doble vertiente antagónica, es condición suficiente para abandonar, o en algunos casos para