Frente al mar, la muerte es un plácido horizonte en el que desintegrarse silenciosa y sigilosamente. Una invitación explícita a naufragar irónicamente, con un guiño, una sonrisa y un suspiro de liberación acompasado.
Que alguien no sienta ningún tipo de satisfacción retratándose puede situarlo como un “fuera de su tiempo” o, quizás más apropiado, como alguien que no se reconoce en una imagen gráfica de sí mismo. Aun habitando una cultura más de instantáneas que de palabras –la imagen fluye con rapidez, la palabra perdura aunque con más
Entre la ignorancia y la duda, la duda, Entre la duda y el dogmatismo, la duda, Entre la duda y la nada, la duda, Resisto porque dudo, una versión nihilista-existencialista del porqué seguimos luchando.
Sea, tal vez, más accesible para nuestras necesidades la búsqueda de un para qué, que de un porqué de la vida, ya que renunciar a las causas que nos trascienden o no, y ubicarnos en los fines que en el ámbito de lo existente –ya que hemos desistido de sumergirnos en los trascendente- nos compete
La mentira, la impostura y la traición desgarran los resortes emocionales en los que se gesta la confianza, y por ende, la posibilidad del amor.
Una reacción empática puede invadir la intimidad ajena.
La línea imaginaria que nos ayuda a discernir entre el bien y el mal es difusa, cambiante, discontinua. Aunque en ocasiones se muestra absolutamente diáfana e indiscutible: ningún niño debe sufrir maltrato ni morir de hambre, sea cual sea su origen o su pueblo. Aquí, esa línea es una exigencia que ojalá pudiese ser reconocida
La ignorancia del poder destructivo del conocimiento es inherente a él. El acto mismo de conocer excluye la negatividad. Pero, la voluntad de seguir ignorándolo es auténtico cinismo.
Los delirios -que tienen alguna verosimilitud- pueden transformarse en relatos colectivos rebeldes, instalando la psicosis como estado de reivindicación de una realidad fantaseada y asimilada. Esta presión del grupo hacia el poder genera errores que desembocan, a veces, en gestos que verifican el delirio originario. Todo un ciclo entre psicóticos que gobiernan.
Devenimos tan ínfimos al pensarnos que huimos para sentirnos.