La conciencia humana es, sin duda, el origen del mal.
Dice el refrán “quien mal anda, mal acaba”, quizás su adaptación a la época sería: “quien anda ciego de empoderamiento, se empotra” o “quien anda sin mirar qué pisa, le acaba envolviendo el olor a mierda”. O aun más refinado, «quien anda sin precaución, se hunde en lo escatológico»
Sentirse solo es un doloroso aislamiento emocional, pero estar solo es, además, un ostracismo social difícil de calibrar si quien lo vive se lo merece.
Un ser hecho de paja se desmorona con tan solo el viento otoñal. Recubriendo una estructura frágil, que no le es propia, cada brizna ocre sin capacidad de resistencia, desmantela con su fugacidad la triste figura que cubría. Ese casi “ser” efímero de paja.
Destilar sucesos indebidos, no es una catarsis reparadora por ya acontecidos. A lo sumo, es el consuelo de quien se concibe víctima impagable de agravios sufridos. Pero, ¿para qué dar eternidad a lo que el tiempo tiende a matar? Mejor dejar que el rastro de lo añejo se disuelva necesariamente, y que ese tránsito se
El fundamento de la ley es el contrato social, por el cual los ciudadanos ceden parte de su poder al Estado a cambio de que este garantice derechos civiles, sociales y económicos. Aunque, el pacto social hace años que entró en crisis, fruto del incumplimiento del Estado de las garantías contractuales que le corresponden, ¿qué
Quién tuviera un baúl de mimbre empolvado en una esquina, al que recurrir. Tras humedecer el polvo del tiempo, poder abrir esa caja del pasado remoto y reencontrar, quizás, objetos olvidados que nos hicieran recuperar emociones entrañables y sonrisas cómplices de quien se reconoce en esos recuerdos. Esos aspectos benignos enterrados. Quién tuviera un
El derecho a decidir es el arma arrojadiza que rebota reiteradamente en los que gestaron la frase con un sentido monolítico, sin apercibirse que a decidir el sujeto tiene un amplio derecho, incluso no querer decidir, como decía Sartre ya es una decisión.
Sentados, con los pies colgando hacia el abismo, nos resta la crucial decisión de orientarlos por voluntad propia, prescindiendo de resonancias insidiosas que podrían doblegarnos.
¿Quién puede sabotear la liberación de su perpetuo padecer? Quizás aquel que teme perder toda identidad sino es como ser maltratado, o el que teme no ser en absoluto nada desaparecido todo agresor. Habiendo adquirido la entidad y la existencia complaciendo y viviendo la vida de otro para satisfacer a uno, y descargar el peso