Anduvimos prestos para evitar que se nos fuera la vida, dejándonos helados en el arcén. Y tras tanto esfuerzo nos preguntamos qué perseguíamos para arroparlo con tanto ahínco. Sin respuesta, rememoramos las palabras de Tolstoi sobre aquel que siente la dureza del vivir que debería dejar de lamentarse puesto que se puede matar y dejar
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A quien se siente sobrepasado por la realidad, no le restan más que subterfugios falaces consistentes en: rebelarse contra ella legitimándose como víctima sin receso, o bien la huida eterna. La primera opción implica deformar lo que acontece, como si el sujeto preso de una paranoia, sintiera todo suceso como una especie de ánima maligna
Publicado en mi blog Sobre la vida misma a través de Eubios versus Eutanasia
Ha habido literatos –y grandes mujeres entre ellos- que no parecen haberse concedido el tiempo de rigor para desenvainar el arma suicida. Se nos ha quedado escasa y casi huérfana una parte de su obra a la que difícilmente podremos acceder desde la comprensión intelectual. Acaso lo que sus letras dejaban como testamento ignorado tenían
Puesto que la existencia es un hecho, la agonía deviene en el intento de ser, es decir en lo propio y no gestado aun, que depende de nuestra voluntad y querer, aunque limitado por las determinaciones contextuales. Aceptando que no podemos substraer el ser de la existencia, la cuestión sobre el suicidio se centra en
Hay poetas-como Alejandra Pizarnik- que se insuflaron tanto de vida que la desgastaron precipitadamente, y tuvieron que ponerle fin. Porque poeta es quien resigue la vida y hace de ella un poema que proclama lo raro y escabroso de ser uno mismo, en un mundo de iguales.
Al atardecer, con un cuerpo casi caducado y una mente senil de intensidad vital, no podemos exigir que anochezca para abandonar el mundo de la consciencia. Cabe aceptar que algunos marchen en el instante del día que decidan.
Lo único que puedes hacer en paz, por decisión propia, en esta sociedad, es morir-a escondidas- porque estás autoeximido de velar por dónde caes muerto.
¿Qué sucedería si alguien anunciara con una semana de antelación su suicidio? Obviamente a las personas más próximas –las que él considera “los suyos”- sin desvelar ni el lugar ni la forma de tal acontecimiento. Simplemente para que, los que lo llorarán, tengan la oportunidad de despedirse. La cuestión no es ociosa, si consideramos que
El cáncer es sin duda la enfermedad de finales del S.XX y principios del S.XXI. Su extensión, virulencia y mortandad la han convertido en la principal causa de muerte natural. Esta verdad reconocida, que muchos intuíamos aunque solo fuera por una burda inducción de los casos que directamente afectaban a los allegados, y a los