Quien no posee el transcurso del tiempo incrustado en cada fibra de su ser, perdió conciencia de su ineludible finitud.
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“La ética puede ser definida así: Actúa con plena conciencia, es decir, actúa de tal modo que en cada momento estés Tú al completo, que en cada momento se halle toda tu individualidad. El hombre experimenta esta individualidad en el curso de su vida sólo en momentos consecutivos; por eso el tiempo es inmoral y
Los rostros, tejidos por las arrugas, delatan el tiempo y cómo transcurrió éste. Los hay tremendamente plásticos que acogen punteados los rasgos de la variedad de expresiones. Otros, profundamente hieráticos, se muestran casi lisos y ajenos al tejer de la vida. Así, un rostro ajado por los pliegues del tiempo es la evidencia de una
El pasado no es tiempo propiamente, sino lo que recordamos o regresamos al corazón insistentemente. Así, constituye presente activo latiendo al ritmo de nuestra actualidad, fundido y confundido.
Desmenuzar el tiempo como si, compuesto de átomos, pudiésemos recomponer algún acontecer es una ideación delirante, propia de quien ya no dispone de la percepción fina del transcurrir ni el devenir de las cosas y los hechos.
La susodicha calma que sigue a la tempestad es tragedia y desamparo, aunque de apariencia tranquila al haber arrasado incluso con las fuerzas de los supervivientes. El sosiego no deviene como el vómito de una convulsión, sino del tiempo sostenido plácidamente entre las sienes.
El tiempo debe seguir su curso inalterable, mientras lo que sentimos que acontece lo desencaja porque no tiene cabida tanto en tan mínimo instante. Así, nos atropellan y desbordan, un huracán de sucesos que ya no discernimos si son ciertamente hechos, o emociones sustanciadas. Parecemos náufragos en un mar turbulento y túrbido que no es,
Vertiginosamente acontece lo irremediable, por el contrario nosotros pausados y quedos habitamos la vida como si fuera la eternidad detenida en un intervalo del tiempo. Sin consciencia de la premura con la que pensadas las cosas suceden, nos atropellan desposeyéndonos del margen de reacción y asimilación. Trepidante lo inexorable sobreviene y como atónitos ni reaccionamos,