Clica para ver post de mayo de 2016 a través de Presencias-ausencias
Autor: Ana de Lacalle
Clica para ver post de octubre de 2017 a través de Enjuiciar, sin prudencia
La fragilidad es una sombra extensa que nos alerta con su presencia de la escasa consistencia que posee una existencia que se agota en su propio perímetro. Estamos sujetos a decaer por la debilidad que nos genera la falta de motivos, individuos de alambre moldeable por avatares externos.
No hay mazazo más perturbador que el conflicto con quien se ha cobijado en el vientre, porque a más amor, más dolor, y de manera equivalente no hay amor más ilimitado que el materno. Aunque la cautela y la prudencia deben asistir una estimación que por desmedida, asfixia a quien no puede crecer sin desvincularse
Recuperando post del anterior blog 3JUN2015 publicado en FILO-LOGOS DECADENTE Como todo ser vivo el hombre nació para morir, pero entre vida y muerte se interpuso la conciencia y lo hizo humano. Ahí, se despliega el conflicto de la existencia, que desesperadamente exige un sentido que exceda lo mediocremente biológico. Ahí, nace lo humano, se inicia
Si no hay sentido trascendente de la existencia, más que el que uno quiera atribuirle, y ésta consiste en vivir, y, a su vez, la vida es una larga travesía entrecortada por obstáculos, deberíamos respetar el derecho a decidir sobre la perdurabilidad de la propia existencia, sin ser objeto de juicios de moralistas ignorantes.
Aquel que espera al otro en el barrizal fangoso de la ambigüedad, tal vez no halle a nadie dispuesto a sucumbir en el desatino infinito de lo dicho y actuado. Solo puede exigirse lo que se ofrece y da.
La comunicación es inviable ante el silencio opaco de quien no desea ser interpelado.
Clica para ver post de febrero de 2017 a través de Voluntad de poder Vivir
La indiferencia no es ni menosprecio, sino la actitud de quien no se inmuta ante la presencia ajena; deviene así el peor de los tratos, la absoluta nada mostrada al gesto del otro.