La celeridad con la que se descargan las pasiones da cuenta del carácter del sujeto, quien por voluntad las regula con mayor o menor éxito.
Autor: Ana de Lacalle
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El adolescente, el que adolece, no percibe lo recibido, porque su estar solo le permite detectar la carencia. Solo cuando, contemplándose en el espejo, vea su proyección enriquecida, sea capaz de rebuscar de dónde obtuvo tales dádivas y dones.
Vinimos a existir, como individuo singular, por un azar caprichoso, y hallándonos, sin voluntad propia, en esta ciénaga sombría nos exigimos subsistir por imperativo natural. Pero la conciencia, como una madrastra cínica, nos impele a que el existir sea vívido, con un sentido o propósito. De lo contrario, pocos podrán sustraerse de la succión pantanosa
La gratitud es una escasa virtud que solo alcanza quien consciente de sus límites, lo es también de su necesidad.
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Lo poéticamente inaprehensible es, probablemente, lo fútil e irrelevante.
Alcanzada esa edad en que las canas abundan, se establece una distancia con el mundo. Sutiles y poco eficaces agentes de cambio, constatamos lo poco que hemos contribuido para legar un lugar mejor a las generaciones venideras. La fuerza ciega que regula los acontecimientos ha resistido inmutable al esfuerzo de jóvenes que creyeron utópicamente que
Ser madre, no solo es amar irremediablemente, sino recibir el querer más genuino y espontáneo que puede ser entregado. Cierto es que nunca dejamos de ser madres, y por ello debemos asumir que la manera de ser hijos cambia, porque su necesaria y deseable autonomía nos convierte en personas amadas pero prescindibles. Y esto, que
En los aledaños de la insensibilidad se han instalado efigies de mármol, que en su naturaleza de imagen representan el frío cálculo de quienes abordan los asuntos humanos con rigidez normativa. Sin posibilidad, por epidérmicos, de interpretar el espíritu de las leyes –como destacaba Montesquieu- aplicándolas mecánicamente como robots avanzados (¿?). Así, parece que el