Cuando nos tienta el sabor de tocar la nata de la vida, para no ir dando rodeos temerosos, podemos abandonar todo quehacer y rebuscar ahí donde creemos que se hallan las respuestas. Corremos el riesgo de confundir el camino, al tomar esa sustancia dulce comuna vía única directa. Pero, para bien o para mal, solo
Autor: Ana de Lacalle
a través de La mirada infinita Clicar el enlace publicado hace un año.
Desde una intimidad grata que solo puede lograrse allegando a los auténticamente queridos -sean los que sean ya que eso no debería estar escrito- la madrugada cobija descansos, apacibles suspiros y una solidaria y placentera concordia psicosomática. Dichosa dádiva esforzada con tesón desesperanzada, pero al fin merecida dádiva.
Hace días que pisas erguido desplazándote solito por tu casa. Con ese afán de moverte y buscar, de hacer más de lo que podías, inventando desde tu autonomía formas de crecer a destajo. Todo un héroe en miniatura, de esos que nadie reconocerá nunca, pero que los que te queremos –por supuesto mamá y papá,
Los Reyes de Oriente ya se van. Para muchos niños no volverán jamás, porque finalmente sus padres han concluido que más vale seguir sufriendo de realidad, que de humillación por figuras mágicas y bondadosas.
Ante un arrogante, engreído solo cabe una dialéctica que lo enmudezca.
La Ética es la soltera más codiciada en los discursos y más esquivada en la práctica.
Dirimir el lugar apropiado en relación al otro, y el propio en relación al yo, es un arte fluctuante que exige una intuición casi divina.
Si no hay amago de regeneración, todo cuanto ha sido despiadadamente tratado será al fin malogrado. Pero, también se degenera quien malogra porque va despojándose de su naturaleza de humano para devenir un auténtico salvaje.
Queridos reyes magos, dejad de existir porque sois la pesadilla de los niños pobres –muchos hoy- y marginados del consumo. Sois una bofetada más a los padres que no han seguido el manual del perfecto consumista de éxito. Dejadnos en paz, ese es mi regalo