Autor: Ana de Lacalle

La nata de la vida

Cuando nos tienta el sabor de tocar la nata de la vida, para no ir dando rodeos temerosos, podemos abandonar todo quehacer y rebuscar ahí donde creemos que se hallan las respuestas. Corremos el riesgo de confundir el camino, al tomar esa sustancia dulce comuna vía única directa. Pero, para bien o para mal, solo

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Dádiva

Desde una intimidad grata que solo puede lograrse allegando a los auténticamente queridos -sean los que sean ya que eso no debería estar escrito- la madrugada cobija descansos, apacibles suspiros y una solidaria y placentera concordia psicosomática. Dichosa dádiva esforzada con tesón desesperanzada, pero al fin merecida dádiva.