Si el humano es solo un existente, su vida le pertenece en la medida en que no hay proyección ulterior, él dota de valor y sentido a ese hálito material y lo despoja del vivir sino lo considera digno.
Autor: Ana de Lacalle
Si el alma es lo real del humano, y no podemos constatar su presencia, somos una quimera insoslayable: acaso una necesidad espiritual que nos vincule a un dios, o un ansia de inmortalidad.
La convicción de que lo auténticamente real debe permanecer siempre estable, e invariable se aleja tanto de la experiencia y del sentido común que si escudriñásemos las implicaciones de esta perspectiva veríamos que real tan solo debe haber algún tipo de ser que no se deja categorizar por nuestros parámetros habituales e irreductible per se.
En el ingenuo candor de un infante riendo desde lo más hondo de sí, el mal queda aniquilado. No hay escena más bella, limpia y terapéutica que ésta, en un entorno tan deshumanizado, constituyen el último baluarte de una civilización despiadada y maligna.
Mientras reste acontecer, hay decir; ya que nunca se agota el logos que intenta atrapar la vida para exhibirla sin ambages.
El desatino en el vivir puede que sea un síntoma de desapego a una existencia ominosa.
Si nada sucede en vano, todo tiene causa y fin. Nosotros títeres sin voluntad real. Si nada sucede por algo, su causa es el azar sin propósito. Nosotros libres en un cosmos inmenso que desconocemos, con voluntad saturada de querer e imposibilitada de actuar. Somos hormigas en una ciénaga ignorada.
Sabemos que la verificación científica de una hipótesis no es posible, ya que tan solo acumulamos, en definitiva, datos estadísticos a partir de los cuales asumimos riesgos. Estos pueden ir acotándose con más base empírica pero nunca eliminando por completo. En consecuencia, al igual que en el campo científico en otras disciplinas los humanos estamos
Amanece suave y lentamente, como cada día. Nada del mundo altera este devenir heraclitáneo, este ciclo de contrarios que, por ende, contiene en sí todo conflicto existente. De tal modo hay día, porque hubo noche; y bajo este parámetro dialéctico parece que debamos asumir que hay judíos reivindicando la ciudad de Jerusalén, porque de igual
Entre manosear y acariciar las palabras hallamos una compulsión a la escritura o una poética literaria. Por eso, “ni están todos los que son, ni son todos los que están”, porque la industria editorial ha difuminado la línea entre el burdo manoseo y el arrullo cándido.