Abstenerse de catar una tentación aleja el riesgo de caer desplomados, pero alimenta es deseo de devorarla salvajemente.
Autor: Ana de Lacalle
Hay quien parece acopiar desgracias severas: por azar, sin voluntad ni intervención alguna, deviene un repudiado, aislado, eludido, apartado que deambula con conciencia, o sin ella, por ese patíbulo arbitrario. La conciencia le aportaría un sufrir inconsolable, la inconsciencia un sinsentido paralelo que le induciría a musitar incesantemente: ¿por qué?
La Justicia, como institución, ha perdido toda credibilidad por estar al servicio del poder político-económico. Si a esto sumamos la pandemia de la corrupción política, en todos sus sentidos ¿qué resta de legítimo que sustente que este sistema de gobierno es una democracia?
Elucubrar sobre lo que no nos pertenece, en cuanto constituye el decir ajeno, es usurpar la intimidad ninguneando el auténtico valor de la alteridad: el lenguaje propio deviene el único logos posible.
Quiero que me sea explicado todo o nada. Y la razón es impotente ante ese grito del corazón. El mundo mismo, cuya significación única no comprendo, no es sino una inmensa irracionalidad. Si se pudiera decir una sola vez: “esto está claro”, todo se salvaría. Pero estos hombres proclaman a porfía que nada está claro,
La incapacidad de confiar y descansar en otro, tensa el organismo que, exhausto, aparenta indiferencia y apatía.
La herencia genética es inexorable, otras son eludibles y modificables.
Leo, en un artículo aparecido en La Vanguardia de Gonzalez-Faus, una reflexión algo particular sobre las posverdad y los valores. Inicia su discurso partiendo de la diferencia del concepto de realidad griego y judío. El primero lo identifica con un desvelamiento forzado –“una violación”- por su forma de acceso a través del Logos, palabra o
Cuando franqueamos el límite de lo supuestamente aceptable, se genera un silencio cortante alrededor, y una quietud pétrea, porque nadie quiere ser confundido ni asociado con lo dicho. Eso que, por supuesto, nunca enuncian los que observan el mundo desde la cristalera corrediza de su despacho. Acaso porque son muy leídos, pero poco vividos y
Hace unos días tuve una experiencia impensable: asistir al apareamiento humano en un bar de “chinos” –como se les conoce popularmente- en una de esas zonas lúgubres y semi-oscuras que la mayoría de estos establecimientos poseen, tal vez para encubrir la falta de higiene que los caracteriza. Cuando alerté a la propietaria su negación delos