Un infinito mar al frente, como preludio de la eterna búsqueda de lo que carecemos, y que no identificamos. Espuma burbujeante de llantos sin objeto, como ese mar que ondea necesariamente sin porqué. Riesgo supino de los que vacilantes se adentran en las aguas del sin sentido, embrujados por esa aparente calma del mar de
Categoría: Anagramas
Hoy, día de todos los santos, para la Iglesia católica, anhelo poseer la capacidad de evocar a los auténticos santos, esos seres imperfectos tremendamente humanos que padecieron el dolor, todo dolor, el propio y el ajeno, con una actitud de lucha frente a las agresiones camufladas de otros; aquellos que con su fortaleza legaron el
Tozuda y reiterativa, la parca merodea en lugares comunes que ya no podemos eludir, porque cada edad tiene sus afanes y sus porqués. Y, a pesar de que todo empeño es efímero y toda cuestión incontestable, provistos de resortes, como se nos supone, no podemos más que afrontar con la mirada alzada el reto que
Tozuda y reiterativa, la parca merodea en lugares comunes que ya no podemos eludir, porque cada edad tiene sus afanes y sus porqués. Y, a pesar de que todo empeño es efímero y toda cuestión incontestable, provistos de resortes, como se nos supone, no podemos más que afrontar con la mirada alzada el reto que
Casi no se sienten los gemidos acallados y oscuros de quien plañe por las personas inocentes y ajenas, sobre las que caerá la espada de Damocles de la irresponsabilidad de tantos políticos de diversos colores que hablan porque la retórica es su herramienta de trabajo y cobran mientras el teatro que escenifican se prolongue a
“Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, diáfano refrán que retrata fielmente a quien fanfarronea de cualidades y virtudes supuestas que necesita que le sean reconocidas, tal vez para construir desde ahí su fallida autoestima. Nada más patético que alguien halagándose a sí mismo ante otros, que sienten vergüenza ajena, por méritos
El otoño, en los humanos, también exige mudar ciertos apéndices que no son invariables –como los árboles mudan sus hojas- Pero optamos por comportarnos como seres perennes, como si el tiempo y la edad pasaran en balde. Preferimos continuar siendo jóvenes eternos, aunque sea lo más ridículo que podemos hacer con nosotros mismos.
Saboreamos la hiel más amarga con tal de hallar las respuestas primordiales. Y tras ese trago afligido y prolongado damos con lo inexpugnable, lo inextricable, como quien topa al final del camino con un eco abisal del que solo siente resonar sus propias preguntas.
Absurdo se predica de lo contradictorio, de lo que carece de sentido o razón; así es un calificativo que deviene adecuado a multitud de discursos y acciones que, no obstante, se mantienen como pautas sociales recomendables.
El trasiego y la intensidad de un conflicto político y público pueden acabar generando la pasividad por desbordamiento y saturación mental del ciudadano ante tanta incertidumbre prolongada. Algunos –agotados-esperan lo que sea que deba acontecer casi desconectados del día a día, para rebajar su nivel de ansiedad. Esta actitud de supervivencia psíquica evidencia carencia de