Qué distancia reiterada, causa añeja de la nada interior, que rezuma el mismo agrio rumor exigiendo una entereza ajena, a quien más debilitado está. Qué burda repetición del pavor inapropiado por parte de quien debe sustentar y sostener al ya malogrado emocional. Sin reparación, ni sostén posible se amplía el vacío que desemboca en el
Clica para ver post de abril de 2014 a través de Identidad,memoria y moral
Serpentean las horas con sigilo y en cada movimiento sinuoso se desvela un torrente emocional dispar, paradójico y delirante, que rebusca un lugar en el que explosionar sin que se generen daños colaterales.
Escuecen aún las llagas de una vida no intencionada. Tal vez porque cicatrizan mejor las heridas por causa propia, que aquellas infringidas por el sometimiento ajeno, hurgadas después incisivamente. Acaso resta seguir contemplando cómo supuran o suturarlas definitivamente, porque vivir es un corto tiempo que nadie puede vetarnos.
El discernimiento sobre la oportunidad y conveniencia de una acción u otra se transforma, frecuentemente, en una encrucijada laberíntica. Hasta el punto de que hagas lo que hagas, errarás en la decisión.
Existe un lugar oculto donde reposan tus cenizas, cubiertas de hojas muertas y llovidas del invierno. Ahora, que ya se aventura la primavera se esparcirán, como polvo que éramos y somos, azarosamente entre los brotes verdes que culminan en flor. Ya no serán más que un recuerdo, un símbolo de un adiós, silencioso y
La dignidad con la que nacemos en calidad de humanos debe ser respetada por el resto de individuos de la especie. Sin embargo, ese derecho que se nos concede, de entrada, exige su reafirmación durante el periodo vital en la medida en que nuestras acciones refuercen ese merecimiento. Es, algo así, como si un derecho
La aparente calma se perturba súbitamente por las náuseas que derivan en la excreción de una sierpe bucal, como si de residuos se tratase. Lo cual indica que ya no hay digestión posible de lo ingerido, ni en tal caso metabolización que depure lo aprovechable de los deshechos. El ofidio no es más que el
Ser capaces de identificar el legado recibido es necesario para desmenuzarlo y asumirlo, pudiendo después decidir qué destino le damos.
La mala conciencia exige reparar el daño infringido, porque con voluntad o sin ella, a veces, arrasamos los resortes que permiten a otros vivir.