Vinimos a la existencia por azar, ya que una cópula algo más tardía hubiera dado al traste con nuestra peculiaridad genética. Somos, en consecuencia, contingentes, aunque lleguemos a convertirnos en seres necesarios para algún otro humano. Y esta naturaleza prescindible es aún más ilustrativa ante el advenimiento de la muerte. Aquello que obtiene existencia por
Hay huidas que no son, tan solo, de uno mismo, sino de aquel otro que hace del yo un ser insostenible.
Las intenciones no son más que idees deseadas, no actos plasmados y constatados, por lo que no se puede forjar una fe inquebrantable, en lianas de deseos indescifrables. Por el contrario, exigir esa confianza es demandar un acto infinito, que lo realiza quien a trompicones perece y fallece mientras vive.
Ayer alguien me dijo que la realidad solo podía escucharse. Me apercibo que estamos demasiado ocupados con las tragedias mundanas para acudir a la ópera cósmica.
Se van reduciendo subrepticiamente los espacios en los que poder expresarnos. Todo decir nos compromete ante la presencia ajena de la que desconocemos su parecer y su proceder. Nos sentimos encapsulados, de facto, en un milimétrico ámbito de dicción y acción. Aunque todo puede ser una gran pesadilla hurgada por nuestra paranoica sensibilidad y aquí,
A veces cabizbajos, otras con la sonrisa de quien se sabe necesario, pero siempre dispuestos a encajar el exceso de rabia que nos asestan los hijos que se autoafirman y crecen. A veces dolor, pero nunca maldad en sus desaires, es una suerte de apoyo imprescindible que les cedemos con la entereza de ser padres.
Si el año es nuevo, y la vida suma y sigue ¿qué celebramos?
Si reclamara olas suavemente acaecidas de silencio, tan solo rogaría sosiego y descanso, nunca la marcha de nadie que se halla en su propio lugar. Los humanos, tan ignorantes, debemos aprehender el misterio de conjugar la soledad ineludible y acompañar a los que amamos. Resulta aparentemente una contradicción, ese es justamente el misterio que se
Sospecho que los hombres son cada vez más hombres –en el sentido que solo los machos hispánicos podrían entender- por lo que ahora se desplazan en “manada” para ir a violar a chicas solitarias –incluso menores- a las que uno de ellos se liga, y a la que una vez engañada acechan todos, o a
La alianza de pareja, verbalizada en un compromiso consciente, se vertebra en la colusión, es decir, en el traspase inconsciente del uno al otro de los aspectos regresivos de los que aparentemente carece y que siente necesitar, y que el miembro opuesto de la díada posee abundantemente. Pero pudiera ocurrir que, quien se siente atraído