La generosidad que no brota espontáneamente, no es más que una impostura propia de hipócritas.
Se preguntaba Zygmunt Bauman, en un artículo aparecido en Claves de Razón Práctica en el año 2009, ¿Qué hay de malo en la felicidad? Su respuesta directa a la cuestión, tras un análisis de la situación del momento, era que lo malo era confundirla con esa carrera consumista que propone el capitalismo y que nos
Hacer de la necesidad virtud conlleva elevar lo único que podemos hacer a lo excelso y venerado, como si se diera por designio divino una identificación perfecta entre nuestro poder hacer y nuestra excelencia. Tal vez en un universo determinado, donde todo acontecer está ya “escrito” esto pudiera entenderse en este sentido. Pero donde, pese
Con el respeto que merece Ricoeur, me siento tentada y me dejo tentar para reprocharle el tibio calificativo que atribuyó a Marx, Freud y Nietzsche cuando los denominó los maestros de la sospecha. Tal vez no fue más que un prudente intento de realzar la figura de tres pensadores que establecieron un antes y un
Fingimos vivir como si fuera liviana la existencia, perforando el ánimo ajeno con una impostada sonrisa cuyo eco retorna “idad, idad,..” Y asumimos el éxito del engaño que nos motiva a perpetuarlo, incluso hasta haber perdido el sentido de dicha impostación. Es entonces, cuando se produce el silencio y la compasión ajena contemplando el esperpéntico
Existir como idea en la mente de otro no garantiza nuestra entidad. Más en un mundo donde fluctúan unos y otros buscando pertenecerse para sustanciarse. La correspondencia entre mundo y lenguaje fue otra quimera gnoseológica in extremis.
“La idea del Eterno Retorno solo puede captarla plenamente quien padece varias enfermedades crónicas, por tanto recurrentes, y tiene así la ventaja de ir de recaída en recaída, con toda la reflexión filosófica que ello implica” Cioran, Desgarradura.Ed.Austral.pg.91. Bendita “ventaja” capta Cioran en lo recurrente de las recaídas por enfermedad crónica, para entender aquello que
Ciertamente si hay Dios no tenemos perdón. Y si tenemos perdón no hay justicia. Y si no hay justicia ¿cómo vamos a reconocer a ningún Dios?
Descendemos de un tipo menudo de primates que habitaban en las ramas de los árboles. La evolución permitió que pasáramos de colgarnos de ellos a talarlos, e incluso, aunque su presencia parece ser condición necesaria de nuestra existencia, a convertirnos en su condición de posibilidad para ser, ya que definimos el espacio donde deben crecer.
De la misma manera que a raíz del caso Nóos brotó como de la nada una juez asegurando que aquello de que todos somos hacienda es un eslogan publicitario y nada más, surgirá del abismo un ser, igual de iluminado, revelándonos que eso de que la justicia es igual para todos es un cuento de