Ingenuidad, no: desaprobar lo perverso.

Poseer una conciencia, relativamente nítida ya que siempre existe una ocultación de los gestos más depravados, de bajo qué intereses se regulan las decisiones políticas, judiciales y económicas, nos capacita para un análisis profundo y una crítica incontestable sobre esos mecanismos, que se dan de facto, pero que bien podemos considerar absolutamente inadmisibles y producir argumentaciones que evidencien el por qué son detestables.

Esto no denota ingenuidad, inocencia ni candidez, sino una oposición decidida contra la indiferencia y la pasividad de quienes, bajo la percepción de lo inconmovible, asumen como individuos sin sensibilidad de reacción un mundo corrupto, injusto y reprobable.

Si ante la deriva de lo que a todos pertenece, hacemos dejación y facilitamos los subterfugios de quienes mueven los hilos decisivos, estamos adoptando una actitud de colaboración pasiva. Cabe, y es necesario rebelarse mediante la palabra y la acción ante una decadencia abrumadora que cercena la esperanza que los que apenas subsisten.

Que miles de millones de moscas coman mierda, no implica que esta sea buena, ni mucho menos que debamos ingerirla.

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