Quien se percibe ínfimo, necesita clamar su propio menosprecio para que otros, abrumados por la crueldad auto-infringida que observan, acudan a rescatarlo de sí mismo –ese juez sin piedad, ni compasión que lo condena al vacío-
Autor: Ana de Lacalle
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No somos exactamente quien queremos, sino quien podemos. Este es el auténtico «principio de realidad».
Los impostores acaban zancadilleados por sus propias mentiras, ante la tremenda dificultad de sostener una apariencia sin ninguna sustancialidad.
Una página en blanco es un deseo por realizar, una amplia planicie cuyo horizonte no se divisa, un ser sin ente o la infinitud como posibilidad. Contemplarla largo tiempo nutre la esperanza.
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Nada hay más terrorífico que la percepción de no existir, porque nadie sabe de tu presencia.
Entre las ruinas de piedra y cemento, envueltas en un polvo blanquecino, vagabundean niños perdidos que no cejan en su empeño de rebuscar a quienes han dejado de buscarlos a ellos. Son “efectos colaterales” de la guerra, esa encarnizada y absurda acción destructora que tantos legitiman. Mientras, en una amalgama de dureza indescriptible, infantes
Los humanos, como seres vivos, somos mortales. La quimera de superar ese designio es cuestionable, porque sabemos que los beneficiarios de los avances científicos y tecnológicos son, de entrada, un reducido grupo de individuos que poseen el poder económico. Esto podría dar lugar, en el caso de que fuese posible alargar sustancialmente la vida, a
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