Aquella época en que se exigía lo imposible porque lo posible se daba por supuesto, sucumbió a fuerza de acontecimientos reales que a jirones desangraron la utopía de una sociedad, que ni se asemejaba a las comunidades hyppie en las que se aislaron. Pero no se puede negar que inspiran una envidia sana, una añoranza,
Autor: Ana de Lacalle
Rodeamos lugares que no nos pertenecen, por no abandonar todo lugar. Sin embargo, la naturaleza dota a cada ente de ser, siendo el lugar justo que ocupa consustancial –como la physis griega- de tal manera que si merodeamos por no reconocer el lugar que francamente ocupamos, de facto perdimos lo que éramos y toda posibilidad
Apuramos el tiempo aguardando el gesto ajeno, porque presuponemos que debe darse, sin aprender, tropiezo tras tropiezo, que nuestro deseo no es el desiderátum universal, y que quizás deambulamos entre delirios. Los delirios son, tal vez deseos fundidos en desideratums.
Mantener la celebración de la Navidad fusionada con el calendario civil, en una sociedad absolutamente laica, es un engaño no sé orientado a quién y un intento de imponer una celebración hueca para millones de personas que no se sienten ya creyentes, desde su libertad. ¿Tenemos que seguir sosteniendo la pantomima? Porque luego llega la
Quien se cree sabio nutre su ego de vanidad, quien observa semejante acto simbólico de antropofagia, bien se cuida de no ser fagocitado por la ceguera narcisista.
Muchas personas ejercen su profesión con vocación –aunque haya caído en desuso- generosidad y honradez, y qué lástima que no sean tratados laboralmente como se merecen, y ojalá otros merecieran ser tratados así. Lo cual no excluye que el maltrato generalizado a los trabajadores desde la reforma laboral, la “crisis” que pagaron los de siempre,
Publicado aquí en octubre de 2016 Mi pensamiento no se produce como un proceso, sino como un resultado, un residuo. Es lo que queda después de la fermentación, los desechos, el poso. E.Cioran. “Conversaciones” Desmenuzar lo problemático para obtener respuesta, y dar con ese poso que no puede ser más que depósito desesperado.
El mayor fracaso vital es no vivirla intensamente desde la propia idiosincrasia, satisfechos de lo que hallemos.
Quien cree –en lo más recóndito de su mente- que triunfar en la vida es imponer su voluntad, no superó sus fases de crecimiento infantil. No hay más que observar un recreo de parvulario.
Se van los hijos, incluso antes de irse se van, restando tiempo en la casa familiar mientras algunos aspectos maduran y la vida les permite su autonomía plena. Es un gesto doloroso parental, no inmiscuirte porque así lo han exigido, ser testigo de esa ambivalente suficiencia y mantener ante todo el amor, limpio de reproches