El alba por acontecer, entre los fríos dedos, de quien se recuesta las últimas horas de la noche en un teclado, salvado del ruido, de toda mirada, en la privilegiada soledad que nos brinda la ocasión de habernos conocido.
Autor: Ana de Lacalle
Se abre el día y se despliega en toda su extensión como excesivo, sobrado. A quien le falta el sentido le excede la vida.
Solo quien so-porta, sos-tiene la vida, calibra su gravedad.
Porque la fugacidad es relativa, una existencia inclemente resulta casi eterna.
Al aproximarse los estertores finales la necesidad de ser perdonado revela la auténtica conciencia del humano.
Para la voluntad de poder y dominio no hay límite en la acción, como ya estableció Nietzsche. Ahora bien, para el querer humanizado, para una voluntad de vivir con dignidad debe haber límites claros y certeros. Cierto que el pensador nihilista pudiera haber sido un geógrafo de la naturaleza humana, mientras que aquí acaso estaríamos
Nada somos para quien no quiere vernos.
La ciencia se desarrolla, cada vez más, bajo el implícito de una disociación mente/cuerpo que, aunque no se reconozca, se evidencia cuando se realiza un trasplante de cabeza -¡por completo!- presuponiendo que el sujeto está ubicado en ella y desligado absolutamente del resto del cuerpo. Esto ha sido por el momento un experimento con cadáveres
Desvanecerse en el lugar y momento apropiados es, o una virtud generosa, o un complot sospechoso. Habitamos un país de virtuosos o de mafiosos, ahí reside la cuestión.
Aquel que no ha interiorizado un espíritu socrático –en cuanto a su ignorancia- tropezará mil veces en la misma piedra, por mostrar ésta, distinta apariencia.