Buscamos una forma de huida, discreta e invisible, pero cuando iniciamos el gesto pasamos de ser ignorados a delatados públicamente. ¡Qué sentir más confuso ese de vivirse ninguneado y descubrirse tremendamente vigilado!
Autor: Ana de Lacalle
Las leyes y su aplicación no son siempre justas. Hay muchas que nos parecen absurdas, parciales, incluso arbitrarias. No obstante, la única garantía que poseemos de que una sociedad funcione, como organización de individuos, es el respeto y el cumplimiento de la ley. Aun así, la discrepancia entre la legitimidad y la legalidad es un
La conciencia humana es, sin duda, el origen del mal.
Dice el refrán “quien mal anda, mal acaba”, quizás su adaptación a la época sería: “quien anda ciego de empoderamiento, se empotra” o “quien anda sin mirar qué pisa, le acaba envolviendo el olor a mierda”. O aun más refinado, «quien anda sin precaución, se hunde en lo escatológico»
Sentirse solo es un doloroso aislamiento emocional, pero estar solo es, además, un ostracismo social difícil de calibrar si quien lo vive se lo merece.
Un ser hecho de paja se desmorona con tan solo el viento otoñal. Recubriendo una estructura frágil, que no le es propia, cada brizna ocre sin capacidad de resistencia, desmantela con su fugacidad la triste figura que cubría. Ese casi “ser” efímero de paja.
Destilar sucesos indebidos, no es una catarsis reparadora por ya acontecidos. A lo sumo, es el consuelo de quien se concibe víctima impagable de agravios sufridos. Pero, ¿para qué dar eternidad a lo que el tiempo tiende a matar? Mejor dejar que el rastro de lo añejo se disuelva necesariamente, y que ese tránsito se
El fundamento de la ley es el contrato social, por el cual los ciudadanos ceden parte de su poder al Estado a cambio de que este garantice derechos civiles, sociales y económicos. Aunque, el pacto social hace años que entró en crisis, fruto del incumplimiento del Estado de las garantías contractuales que le corresponden, ¿qué
Quién tuviera un baúl de mimbre empolvado en una esquina, al que recurrir. Tras humedecer el polvo del tiempo, poder abrir esa caja del pasado remoto y reencontrar, quizás, objetos olvidados que nos hicieran recuperar emociones entrañables y sonrisas cómplices de quien se reconoce en esos recuerdos. Esos aspectos benignos enterrados. Quién tuviera un
El derecho a decidir es el arma arrojadiza que rebota reiteradamente en los que gestaron la frase con un sentido monolítico, sin apercibirse que a decidir el sujeto tiene un amplio derecho, incluso no querer decidir, como decía Sartre ya es una decisión.