La agitación ávida de las ideas, que se percuten cansina y fútilmente, es la absorción del caos inherente a lo externo que no se muestra, pero cuyo aparecer late evidenciando la deriva del constructo irracional humano.
Autor: Ana de Lacalle
“Aunque concibo perfectamente una vida en la que toda necesidad encuentre satisfacción, mi cuerpo, es decir mi alma, no es de esta vida, se ha convertido en un mero receptáculo donde sólo cabe, hasta ocuparlo por entero, otro cuerpo, es decir, otra alma, cuya característica más sobresaliente sea que no está (…) dado que el
El poder es una tentación diabólica para la mayoría de mediocres que entran en contacto con él. Tan solo, un escaso grupo de hombre y mujeres honrados y excelsos salen indemnes de tal incitación. Pero estos acostumbran a pasar desapercibidos, cuando deberían ser reseñados por su tenacidad y rectitud en esa selva viperina.
Dudar es un ejercicio de sentido común.
La experiencia de desdoblamiento, que no es impostación, perfora el sentido del sí mismo al constatar la presencia de un alter ego, que se fusiona con el yo, diluyendo cualquier resquicio de alteridad.
La noche selló una puerta que aún no ha sido vulnerada, entre los balbuceos angustiosos de unos padres que aguardan el regreso, ante el que fingirán normalidad, de quien vuela acaso por volar.
El momento, quién sabe si llegará a ser histórico antes de que ésta se agote, abunda en avances científicos y tecnológicos donde los robots –un ideal de esclavo legal- van a pasar a ser uno de los hitos más deseados de los amantes del desarrollo de la era digital. Se intenta, sobre todo, utilizarlos como
“(…) Empiezas a comprender que a la vida no le incumbe recompensar el mérito. (…) Vas descubriendo que a medida que los testigos de tu vida disminuyen, hay menos corroboración y, por consiguiente, menos certeza de lo que eres o has sido.” Julian Barnes, El sentido de un final, Anagrama compactos 2014.Barcelona Lidiamos junto a
La abundancia es la escasez de consistencia.
Retamos al silencio a que se rompa, como si fuese un ente propio que nos juzga, para que nos revele lo inefable, evidencia de nuestra parca lingüística.