Lo subversivo invierte el orden establecido al cuestionarlo como el único válido, posible y deseable. En este sentido lo singular, como rezaba el blog de mi añorada Sofía, es subversivo si antepone su idiosincrasia como la normalidad propia y apropiada. Esta contundencia de lo diferente, en algunos sistemas sociales excesivamente homogéneos, es una necesidad para
Autor: Ana de Lacalle
No queda más que la imaginación cuando el cuerpo se halla presó, y tú con él. Poderosa facultad que cultivada es el ojo privilegiado de la voluntad.
Sospecho que hay colectivos cuya presión pretende hacer de la excepción la norma. Que se exija respeto y no discriminación para los transexuales, gay y grupos similares que desconozco, no implica que la realidad de este colectivo deba imponerse como lo habitual y mayoritario porque a mi entender desvirtúa los hechos. Hay humanos que se
Originalmente publicado en la modificación:
Hoy en día, en muchas terapias más o menos alternativas se insiste en disolver el sentido de la culpa. Su presupuesto es que no hay propiamente culpa, sino un sentimiento de culpa que deberíamos, en la medida de lo posible, racionalizar. Y, ciertamente, hay sentimientos de culpa que sería…
Ser sujeto, por definición, impide la aproximación neutra al objeto, en cuanto está sometido a las condiciones de ser “subjectum”, es decir el soporte del ser individual. Este supuesto metafísico se mantiene en diversas áreas del conocimiento y no deberíamos perderla de vista en la vida cotidiana. Siendo un axioma, es de hecho de sentido
Mañana tal vez, al re-cordar, el sentir se hallará ácidamente constreñido y será en vano el intento de palabrear sucintamente sobre aquel once de marzo. Por ello, hoy que aún resta el espacio de las horas, recreo –no podemos más que reinventar con matices emocionales lo pasado- aquel trágico día en que muchos oíamos por
La última sinfonía debería ser de tonalidad generosa, para quien brinda el honor de permanecer a escucharla.
Mientras vamos viviendo, acaso sea por la inercia de una indecisión, se alza sobre nuestras cabezas la espada de Damocles, asida por la mano de Camus, esperando la respuesta sobre si vale o no la pena vivir. El pulso firme y paciente caduca, cuando pasado el tiempo y consumida la vida sea absurda cualquier respuesta.
“La Nada nadea” recitaba el maestro mientras enseñaba a conjugar los verbos –porque él solo era un profesor, no un educador-
De niña me educaron según un patrón social que me anulaba. Levanté una cápsula a mí alrededor, empecé a jugar a fútbol, a chapas y cuando el desprecio tomó la disposición lingüística de “marimacho”, creí entender que mi rareza no cuajaba en el mundo. Hasta que la incursión en el ámbito intelectual nos situó a