Originalmente publicado en FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO:
Un tabú, o estimula un deseo o esconde un miedo
Autor: Ana de Lacalle
“(…) La ignorancia se retira, a menudo, al santuario del silencio, el defectuoso encuentra ventajas callando, ya que el silencio lo transforma en un personaje misterioso. Además, hay que evitar hablar aún con más motivo, ya que un corazón sin secretos es una carta abierta (…)[1] Solamente quien posee conciencia de su ignorancia actúa con
Las generaciones que vienen -jóvenes, adolescentes, niños- están siendo educadas en una especie de empíreo falaz. Provocamos se crean el centro del mundo, como si a éste le importaran algo, cada vez que satisfacemos caprichos reiteradamente, les espetamos un “no” absolutamente licuado que se desvanece al cabo de un breve lapso. Por un lado, los
El cuidado de sí pasa necesariamente por el cuidado de los otros. Como seres fluyentes que interaccionamos y nos damos recíprocamente. Otra cuestión es qué es eso que nos damos. Esta cuestión fue indagada, entre otros, con profundidad por Pierre Hadot y Michel Foucault de una forma explícita inspirándose en ideas de la cultura griega.[1]
Depositamos nuestra confianza en el otro, tras habernos aproximado a él con la suficiente creencia de que ese otro es confiable. Ese proceso es una interacción que se despliega a lo largo de instantes continuos, que acaban siendo pasado y constituyendo experiencia. El hecho de otorgar y recibir la confianza al otro y del otro
Recibí la invitación de Marcos Represa a su canal de Filosofía para dialogar sobre la teoría queer. El resultado son varios vídeos que iré colgando, conforme aparezcan en el canal mencionado. Tan solo he visto el primero que os cuelgo aquí. Tengo que reconocer que mi intervención es corta y que la cantidad de anuncios
Tres años después de que se iniciara la pandemia del covid-19, recupero un texto escrito en abril de 2020. Significativo si recordamos que en aquellos momentos se precipitaron una serie de prospecciones sobre cómo afectaría la pandemia en nuestras sociedades y en cada uno de nosotros. Algunos auguraban un punto de inflexión para bien -recuerdo
Estas son mis próximas lecturas, tras «Los Vencejos» de Fernando Aramburu, que recomiendo por la finura con la que relata la cotidianidad y monotonía de la vida -eso sí, situando al lector en un brete existencial-. Bien pues, iniciado ya el libro de Arantxa Portabales, el primero que leo de esta autora, acometeré la deseada
Hablamos, a menudo, de que en la actualidad no puede concebirse una sociedad, sino es como un espacio donde los individuos puedan desarrollar dignamente sus vidas reconociéndose mutuamente interdependendientes. Es decir, somos seres sociales porque necesitamos de los otros para nuestra supervivencia, nuestra vida y nuestro bienestar. Más aún, nos constituimos porque los otros están







