“Solo aquel que desde su ‘siendo’ puede dejarse interpelar por su ‘ser’, alcanza esa dialéctica de la sabiduría, dolorosa tal vez, pero única vía hacia la claridad mental” Ana de Lacalle. Relatos y Aforismos. Célebre Editorial. Badalona, febrero de 2019. Nº120, pg.89 Los humanos existimos, para los otros y para nosotros mismos, desde la manifestación
Categoría: Aforismos
Las fronteras difuminadas entre lo otro y el yo estimulan la compasión que deviene nítido padecer propio; ante esta carencia de límites no hay más posibilidad que el hundimiento simultáneo: el de quien en un principio sufría y el de quien ahora es el otro.
Lo que prevalece es quien sentimos ser, no quien somos: ahí radica el antagonismo de nuestra condición, la redención y la condena.
No podemos más que procurar tenazmente asemejarnos a quien queremos ser; aguardando la quimera anhelada de coincidir con nosotros mismos.
El fracaso vital emerge cuando logrado todo, se siente ser nada, o no-ser, o lo equivalente: una vacuidad incomprensible deudora de un malogrado sentido.
Aquel que mendiga el reconocimiento ajeno, se vio privado de la satisfacción de los afectos más perentorios, y aquejado de ninguneo, repta sutil y sigilosamente para que la mirada del otro le espejee quién es.
Perecer puede resultar un remedio, pero nunca en el intento de vivir, pues ya no es “vida”, sino como alternativa a una existencia que no podemos elevar más allá de la mediocridad de ser, biológicamente, y estar dotados de conciencia.
La ironía y la agudeza verbal espontáneas son estrategias incorporadas por el individuo que pueden contribuir a su salud mental. Es decir, siempre que no se utilicen para dañar a otros, sino como lenitivos para sobrellevar la existencia.
Si el desafío electo constituye un dique inabordable, quizás erramos en el reto ambicionado, al relegar nuestra capacidad y habilidad al respecto.
Privados de recursos mentales que simbolicen un propósito vital, solo nos resta el exiguo aliento de rebuscar entre lo sobrio y cotidiano algún “para qué”, suficientemente fascinante como para sustentar la ausencia de metarelatos creíbles.
