Existir es deslizarse por una ciénaga grisácea, sin resortes estables, sin certezas; es, por tanto, un desafío, un reto a la voluntad y al coraje de dar forma a la existencia a riesgo de no atisbar ni un ápice de vida.
Un político que desprecia y denigra los servicios o instituciones públicas que dependen de su gestión, no tiene ni vergüenza ni es digno del cargo público que ha ocupado u ocupa. Que el ejecutivo cesado de Catalunya fulmine como de inhumana con tal arrogancia la vida en una de las prisiones, al parecer punteras en
Sucumbimos ajados, a la seducción de los placeres fáciles e inmediatos para absorber precipitadamente oxígeno, y seguir viviendo en momentos agónicos. No hay humano que naciera con reservas extras de ese gas vital sin el que nos entregaríamos a la desidia, el decaimiento y a un posible proceso destructivo. Por ello, nadie puede ser juzgado
Un viandante sin vía no es andante, a lo sumo un individuo que deambula.
La opinión pública se manifiesta, con apariencia de libertad, como una masa monolítica que impone las formes de vida, de pensar y actuar válidas. Esa expresión de falsa libertad es la resultante de la manipulación, el marketing de los medios de comunicación y los poderes políticos al servicio del capital, y es a lo que
Nunca dejaremos de avanzar centrifugándonos en lo posible, dejado atrás, como alternativas quizás mejores que a las que dimos existencia. Es ese rumor nostálgico y un algo melancólico que sostenemos para cerciorarnos de que lo nuestro fue una elección.
Tras los reproches vertidos se amagan siempre demandas, no explícitas, que anhelábamos fuesen intuidas por aquel a quien atribuimos dejación o desinterés.
La exigencia al otro es, en ocasiones, un atropello que lo despoja de lo propio. Sin vacilar, transfiguramos un deseo en una tropelía al sentirnos en nuestro derecho de reclamar lo que no nos pertenece, ni es justo apropiárnoslo, sin la voluntad ajena de concedérnoslo desde su libertad.
Las mentiras traicionan, las verdades horadan
Ante las elecciones del 21 de diciembre la mayoría de catalanes se expresan con seguridad afirmando tener claro a quien no votar. En conversaciones esta manifestación enigmática es interpretada por el supuesto contertulio o con actitud expectante o cómplice al presuponer que, por supuesto, se refiere a los mismos que él. Más allá, es difícil