Es tremendamente duro reconocernos incapaces, pero mucho más digna la ineptitud que la impostura.
Un altercado es un suceso inesperado ante el cual reaccionamos. Así, como ante hechos de la misma naturaleza. Pero, a diferencia de estos, un acontecimiento es un fenómeno previsible ante el que podemos reflexionar, decidir y actuar. Quien solo dilata el tiempo y reacciona es un irresponsable, un indeciso, un cobarde, un inmaduro,…alguien sin subjectum.
Si una novela rompe de cuajo los cánones mínimos establecidos, tal vez no sea una novela al uso, pero sí sea un relato novedoso novelado –en cuanto flirtea con lo ficticio y lo verosímil- digno de atención y reconocimiento si así lo merece su calidad literaria.
Si al retumbar huecas las palabras no hay más que soledad, simultáneamente se cercenó la posibilidad de conexión y de abandonar ese estado de autismo transitorio.
Nos preparamos para lo peor con la fantasía mágica de que así lo evitaremos.
El sentido del humor es un recurso imprescindible para mirar el mundo y compartir esa jocosa perspectiva con otros, pero nunca a costa de dañar o injuriar a otros y menos hurgando en sus males. Sin embargo los que desempeñan una vida pública, en lo que hace referencia a ese aspecto y no a su
Ser testigo y parte de un acontecimiento demoledor es un esfuerzo casi psicótico.
Las formas de la literatura deben ser tan elásticas y sorprendentes como las historias que narran, solo así se aprehenden vidas que superan la mera existencia.
Mientras sigue sucediendo lo que ya es habitual, por doquier, sin que nada altere el ritmo de nuestro pestañeo, y la rutina interiorizada nos haga sucumbir en la absoluta indiferencia, alguien, en algún lugar triunfa, y otros mueren. Mientras nos aderecen el cerebro con indignaciones políticas locales, al uso y nada sustanciales en cuanto a
Un No, es un No. Y un silencio abrumador que delata el rostro aterrorizado de quien no osa negarse a lo que resulta evidente que sucederá, es de hecho un No entre alaridos acallados. Si la víctima es una niña, su ignorancia, desconcierto, junto con el poder de quien abusa, hacen de la agresión un