Los formalismos encubren el alma de una cordialidad educada, pero que como impostación social impide discernir la veracidad que guarda. Así, todo formalismo o encuadre preestablecido que oriente las relaciones humanes las enturbia de una nebulosa de ambivalencia que difícilmente permite vislumbrar hasta donde llegar el decoro y hasta donde la veracidad de lo manifestado.
Tengo tal vez la equívoca impresión de que ha aumentado la cantidad de personas que piden por la calle. Esta sensibilidad que me aqueja, cuando ya son tres o cuatro las que me han abordado, en un paseo de una hora, agudiza de forma intensa la debatida idea de la dualización de la sociedad. Quien
El trato que otorgamos a los otros desvela nuestro lugar en el mundo.
Pretender que un relato fracasado de raíz y sustentado en una colusión parental patológica, pueda generar algún final feliz, es permanecer sumido en ese submundo psicótico que da cuenta de cómo se es.
Nunca he percibido paralelismo entre asesinato y guerra, porque solo soy capaz de captar una identificación frívola de los que arrasan con vidas creyéndose legitimados. ¿Quién otorga el derecho de matar? No hay Dios que por definición ose hacerlo, porque dejaría de ser Dios. Y si, suponemos no hay, de hecho, ningún Dios, ¿quién se
Somos el futuro de los que antaño, desarmados por un presente denigrante, izaban cantos y poemas de esperanza de un mundo mejor. Hoy, ya no creemos en devenires antagónicos que calmen la desazón en la que estamos hundidos. Y esta, nuestra escéptica actitud no es gratuita. Solo cabe preguntarse ¿cómo de una naturaleza en la
Confiados y sabiendo que la DGT vela por la seguridad de nuestras vidas, incluso en contra de nuestra voluntad de adultos libres –ponte el cinturón sí o sí- sé que deliro cuando veo niños incluso de tres añitos de paquete en la moto con sus papis –eso sí con el casco que rebota- Eso sé
Quien genera un infierno alrededor de sus hijos es el ángel fallido Lucifer, capaz de lo más atroz para saciar un odio irreparable.
Mientras escaseen las noches para dormir la existencia, y sobren los días para reincidir en el monótono argumento que nos permite, de la luz, volver a la oscuridad de la inconsciencia bendita, nada de cuanto hagamos alargará las noches y decrecerá los días; o por el contrario, tampoco surgirá un gesto único que venza el
Aristóteles decía que la virtud se halla en el justo medio entre los extremos, que por exceso o defecto son vicios. Ese justo medio se adquiría forjando el carácter, con el hábito de actuar justa y moralmente. Como muchos recordaremos, pues, el hombre bueno es el que sabe qué es el bien y lo hace,