Vagabundeando por una urbe, nada desangelada, nos internamos sinuosamente entre los unos y los otros, perdiendo la mismidad, que nos apresuramos a restablecer huyendo del gentío hacia la cueva sagrada de nuestra identidad.
Etiqueta: Identidad
Sentirse un patito feo no garantiza convertirse en un cisne. En el cuento infantil, el mismo protagonista se sorprende de la metamorfosis que los otros empiezan a constatar en él. Esto puede indicar, tal vez, que lo que sientes que eres depende de las miradas que te atraviesan como agujas, seas como seas; hasta que,
Cuando el olvido pudiera desembocar en perdón y esa posibilidad desata la ira que bloquea la amnesia, solo queda la extirpación de los recuerdos, una cirugía precisa que mutile esa parte dañina. Si no hay olvido de facto, no hay perdón, aunque la fantasía de una intervención quirúrgica mágica pueda sugerirnos interrogantes sobre el sentido
La alteridad se opone a yo posibilitando la propia identidad, pero a la vez afirmando las carencias de ese yo identificado que, desde esa condición de ser limitado, necesitará interactuar con el otro, el cual a su vez será siempre un eco de la oposición primaria. El conflicto está servido.
Nada más errático que la singladura hacia la propia identidad, aunque del todo irrenunciable.
Aquel que se desgasta en gestos de finalidad político-social, deambula delimitando su no-ser, pero padece el síndrome de la deficiencia de ser, incapaz de decir o mostrar quien es. La carencia de identidad, no acotada por negación del no ser, es una de las fragilidades que más vulnerables hacen al individuo actual, ávidos y susceptibles
Quien acepta los propios límites, observando desvanecerse cuanto le hubiera sido posible en otros tiempos y ya no le corresponderá, aprende a ser en lo fundamental de su propia identidad. Desprendiéndose de ropajes, que nada decían, en realidad, sobre él mismo.
El humano existe y se muestra en sus acciones, tal vez el único contínuum que nos identifica.
La pérdida de memoria, en toda su extensión, parece vaciarnos de recuerdos que encajados van conformando nuestra identidad. Pero, sorpresivamente, ignorados ya, los hechos por completo, yace en nosotros un sustrato emocional que no se altera y que tiene más relevancia en quiénes somos que los sucesos concretos, porque son el registro vivo que ya
Ladeándome para verme de perfil nada más logro girar alrededor de mi propio eje hasta el infinito. Sin esa perspectiva me faltan datos sobre mi identidad. Creo que ahí radica la clave.