Si a quien reconstruye su vivir, o lo inicia como tal con conciencia, le mostramos las ruinas huecas de las que parte, en crudo, estamos evidenciando la difícil tarea de vivir, habiendo estado casi muerto. Es algo así como invitarle a masticar su miseria para que tras la indigestión resurja vívido negando un pasado que
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No hay querer más elevado que dar la vida, por otras vidas; y hay una diversidad de maneras de poner la propia vida al servicio de los otros, a menudo monótona, cansina e imperceptible sin una mirada aguda. Pocos son capaces de ese gesto heroico, más usual es malgastar la existencia por abstracciones, metáforas y
Quizás cuando la vida es la ironía más cruel, nos apercibimos de nuestra falaz, ínfima e insignificante superioridad ontológica.
Llegamos a la existencia por azar, habiendo podido a causa de nuestra contingencia no existir, sin más –otra combinación genética hubiera prosperado- Pero una vez que nos hallamos inmersos en la lucha, ya no por no morir -que también- sino por vivir con plenitud el tiempo de existencia, tal vez descubramos que haber nacido no
Habitar en la incertidumbre es propio de la existencia humana; aunque la inercia mental busque resortes, la vida no puede darse si no es en el riesgo de decidir a tientas.
Aquel que no tiene corazón no puede morirse de pena, porque “ya está muerto”
Sea, tal vez, más accesible para nuestras necesidades la búsqueda de un para qué, que de un porqué de la vida, ya que renunciar a las causas que nos trascienden o no, y ubicarnos en los fines que en el ámbito de lo existente –ya que hemos desistido de sumergirnos en los trascendente- nos compete
De hecho, sostenemos el peso de la realidad desde una existencia minimalista, que sin Dios, sin verdad y sin valores absolutos, renace a un tipo de vida sin muletas. Es decir, aquélla resultado de la voluntad de no conformarse con existir como los vegetales, sino de bordar un vivir con sentido propio. Solo así podemos
Tejer un entramado que simule tener vida, es el averno candente para quien pulverizó la alteridad por menosprecio.
No hay fracaso vital, a no ser que supongamos que vivir es un trazo rectilíneo orientado a un determinado fin o propósito. Solo desde ese supuesto adquiere sentido el concepto de fracaso, como desviación de lo previamente trazado. En esta tesitura, quizás fracase quien ha definido el tipo de línea que debe trazar la vida