Hay espasmos musculares tensos y rígidos que no son más que somatizaciones de cortocircuitos sinápticos ante la percepción de acontecimientos no gestionables: rostros pueriles secos y gélidos cuya mirada no ve, y cuya vida se desintegra. Justo aquí, en la modélica Europa.
Categoría: Anagramas
Ningún tiempo es perdido, entendido como período infértil, en blanco. Todo cuanto aconteció, hicimos o quisimos, pasivamente, reducirnos a reacción, fue necesario para constituir quién somos. Obviamente, no hay tiempos determinados, pudimos ocuparlo de formas diversas con nuestras decisiones y acciones –sin menospreciar las limitaciones- pero una vez sustanciado, no podemos dar cuenta de nosotros
Hay quien demanda ayuda por el vértigo que siente ante su vacío abisal, y creyendo estar en el sitio y lugar apropiados, tras años de hurgar y haberlo hallado, alguien le espeta: “Yo no tengo la solución. El agujero es suyo”, aunque se precipita ese hábil interlocutor a aderezarlo enseguida, ya bulle en el
Cualquiera puede abatirse en el trasiego cotidiano acelerado y exigente. Si, además, pretende ahondar y cultivar su interioridad con el coraje de la autenticidad, no es preciso que ningún caritativo ajeno lo remache con una puya letal. Sustentar la vida, en esta doble vertiente antagónica, es condición suficiente para abandonar, o en algunos casos para
Que alguien no sienta ningún tipo de satisfacción retratándose puede situarlo como un “fuera de su tiempo” o, quizás más apropiado, como alguien que no se reconoce en una imagen gráfica de sí mismo. Aun habitando una cultura más de instantáneas que de palabras –la imagen fluye con rapidez, la palabra perdura aunque con más
Entre la ignorancia y la duda, la duda, Entre la duda y el dogmatismo, la duda, Entre la duda y la nada, la duda, Resisto porque dudo, una versión nihilista-existencialista del porqué seguimos luchando.
Sea, tal vez, más accesible para nuestras necesidades la búsqueda de un para qué, que de un porqué de la vida, ya que renunciar a las causas que nos trascienden o no, y ubicarnos en los fines que en el ámbito de lo existente –ya que hemos desistido de sumergirnos en los trascendente- nos compete
La línea imaginaria que nos ayuda a discernir entre el bien y el mal es difusa, cambiante, discontinua. Aunque en ocasiones se muestra absolutamente diáfana e indiscutible: ningún niño debe sufrir maltrato ni morir de hambre, sea cual sea su origen o su pueblo. Aquí, esa línea es una exigencia que ojalá pudiese ser reconocida
La ignorancia del poder destructivo del conocimiento es inherente a él. El acto mismo de conocer excluye la negatividad. Pero, la voluntad de seguir ignorándolo es auténtico cinismo.
Los delirios -que tienen alguna verosimilitud- pueden transformarse en relatos colectivos rebeldes, instalando la psicosis como estado de reivindicación de una realidad fantaseada y asimilada. Esta presión del grupo hacia el poder genera errores que desembocan, a veces, en gestos que verifican el delirio originario. Todo un ciclo entre psicóticos que gobiernan.