Entre manosear y acariciar las palabras hallamos una compulsión a la escritura o una poética literaria. Por eso, “ni están todos los que son, ni son todos los que están”, porque la industria editorial ha difuminado la línea entre el burdo manoseo y el arrullo cándido.
Categoría: Anagramas
Acaso el tiempo que transcurre entre el ayer en que queríamos detener la vida y el mañana, sea un embrujo vano e imaginario. Porque en estos lares todo cuanto percibo ha mantenido el ritmo acostumbrado, como si los que no existiéramos fuésemos nosotros ni nuestro absurdo hechizo de magia. Los símbolos no son más que
Si se comunica el advenimiento de una muerte certera y esta se va dilatando, con oscilaciones que originan una duda razonable sobre ese final, el duelo iniciado se cortocircuita, las emociones se tropiezan al circular en sentido contrario y empiezas a cuestionarte si es un sueño o si, como dijo Calderón, toda la vida es
Sobre cómo escabullirte, sin necesidad, diciendo que te exilias sin serlo, y acabar siendo un fugitivo de la ley, que no un exiliado que es el término del que huye por motivos políticos, no penales. Razón: Puigdemont. Precios ajustados.
Sucumbimos ajados, a la seducción de los placeres fáciles e inmediatos para absorber precipitadamente oxígeno, y seguir viviendo en momentos agónicos. No hay humano que naciera con reservas extras de ese gas vital sin el que nos entregaríamos a la desidia, el decaimiento y a un posible proceso destructivo. Por ello, nadie puede ser juzgado
Nunca dejaremos de avanzar centrifugándonos en lo posible, dejado atrás, como alternativas quizás mejores que a las que dimos existencia. Es ese rumor nostálgico y un algo melancólico que sostenemos para cerciorarnos de que lo nuestro fue una elección.
La exigencia al otro es, en ocasiones, un atropello que lo despoja de lo propio. Sin vacilar, transfiguramos un deseo en una tropelía al sentirnos en nuestro derecho de reclamar lo que no nos pertenece, ni es justo apropiárnoslo, sin la voluntad ajena de concedérnoslo desde su libertad.
La nada, al sustantivarla, se torna en posible sujeto de acción: “La nada nadea” con su correspondiente verbo derivado -no aceptado por la RAE- Imaginarnos esa supuesta escena se asemeja a observar los intestinos retorciéndose enmarañados sin capacidad para hallar su lugar habitual. Algo casi escatológico que trasladado a al padecimiento mental debe ser insufrible.
Hay poetas-como Alejandra Pizarnik- que se insuflaron tanto de vida que la desgastaron precipitadamente, y tuvieron que ponerle fin. Porque poeta es quien resigue la vida y hace de ella un poema que proclama lo raro y escabroso de ser uno mismo, en un mundo de iguales.
Balbuceamos palabras convencidos de la sordera ajena, mas con el corazón palpitando a la espera de un alguien ultra perceptivo. ¿Paradójicos? ¿Fingimiento necesario para soportar el ninguneo? Humanos sobreviviendo en la oscuridad de su trágica soledad. Algunos declaran haber sido transeúntes “sin techo”.