Desgasto el olor decrépito de las cosas con tan solo pensarlas y precipitar su desvanecimiento. Es un gesto, no de negación, sino de renovación que alienta el espacio vital que me resta. Absorbiendo, a plenitud, una claridad natural que quizás transpire mi epidermis para alumbrar esa caverna -nada socrática- de la que fui conscientemente prisionera.
Categoría: Anagramas
A los que vivimos en Catalunya, al menos a algunos, nos supuran los oídos de los vómitos ignorantes de los opinantes externos que, sin auténtico conocimiento del panorama con una amplia perspectiva, no solo caen a cuatro patas sobre un relato u otro, sino que osan juzgar lo que los catalanes con diversidad de ideas
Deambulo rasgando el silencio con la hojarasca bajo mis pies. Y ya no me cuestiono ni el porqué, ni el para qué, ni tan siquiera a dónde me dirijo. Aun careciendo, como cualquiera, de la verdad, resigo el tiempo que poseo como única certeza y desde ahí, decido, persisto, lucho, amo, descanso, me agoto. Con
Protegerse de una persona dañina, si hemos desestimado la posibilidad de anularla de nuestra vida, no puede ser un gesto espontáneo ni expuesto a la intensidad del mal recibido, porque ahí sigue produciéndose daño. Antes bien, debe presidirnos una estrategia que, compensándonos emocionalmente, nos permita mantener la serenidad y la firmeza de una decisión, nunca
“Inquietante es el nombre que se da hoy al núcleo siniestro del prójimo: todo prójimo es en última instancia inquietante” Adam Kotsko La razón, afirma Zîzêk, es la impenetrabilidad del deseo que sostiene los actos del otro. La sospecha dañina aparece ante la posibilidad de que las acciones del prójimo no estén motivadas por lo
Quien vierte su agitación a través de la escritura, desearía zafarse, a menudo, del torbellino monográfico que lo altera. Ampliar el horizonte de su perspectiva y trascender el hueco de la intrahistoria que lo atenaza. Lamentablemente, quien escribe es testigo de sí mismo y de su tiempo, y ese anhelo de ser sin ubicación, no
Un dragón de dos cabezas que, tras robarte la sombra, exhala su aliento en tu nuca. Cada morra un eco sarcástico y añejo, que porfiadamente y sin opción a réplica, en macho y en hembra, escupen un destino, fraguado entre ambos para ti. Hoy, en la ambigüedad de todos los umbrales, reaparecen para recordarte quién
Un pueblo reactivo está, por naturaleza, vivo solo en la derrota, por ello busca desesperadamente las condiciones que favorezcan su existencia y su posibilidad de ser: la víctima perfecta. Por el contrario, cuando debe actuar por sí mismo, enhebrando su propio camino, más allá de un sí como doble negación, se despliega un llano vacío
Todo proceso vívido padece fases espasmódicas que exigen, casi, el retorno al punto de partida. Ahí, en ese súbito cúmulo de tribulaciones, surgen los héroes internos que surfean entre las contracciones musculares para erigirse y empoderarse de sí mismo, aunque todo se muestre fluctuante. Lo vívido es el motivo necesario para no decaer.
Un infinito mar al frente, como preludio de la eterna búsqueda de lo que carecemos, y que no identificamos. Espuma burbujeante de llantos sin objeto, como ese mar que ondea necesariamente sin porqué. Riesgo supino de los que vacilantes se adentran en las aguas del sin sentido, embrujados por esa aparente calma del mar de