La muerte es la compañera fiel que, en nuestra soledad, transita siempre a nuestro lado. De tal manera que la fusión de ambos puede precipitarse sin aviso, ni preaviso. No obstante, lejos del pavor que esto podría producirnos, esa sombra invisible desliza su penumbra para protegernos de lo peor. La sentimos, a veces, intermitente y
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Quizás a estas alturas Bob Dylan aún se pregunte si hay alguien en forma de escritor que se llame como él, porque ni el conjunto de las letras de sus canciones constituyen una obra poética merecedora del Nobel, ni su música ninguneada por ese enaltecimiento de la palabra, es un ornamento secundario en su obra.
http://www.fragmenta.cat/ca/cataleg/assaig/605089 Con motivo de la publicación de la obra de J.C.Mèlich «la prosa de la vida. Fragments filosòfics II» Cierto es que cada época encaja sus retos con un lenguaje propio y aunque se asemeje a otro ya pasado, debemos asumir que los matices son, de facto, casi sustanciales. Así pues lo fragmentario no
Todo cuanto poseemos lo llevamos puesto. No hay nada material que propiamente nos pertenezca porque siendo corruptible se degrada a un ritmo distinto al nuestro, y no por ello nosotros dejamos de ser quien somos. Existimos por determinación de lo poseído, pero esto que denominamos “posesión” no es más que unas atribuciones que nos identifican,
Vivimos en una época débil. Tal vez sea éste, el inevitable desarrollo de las sociedades occidentales opulentas, que empecinadas en satisfacer para no carecer, han satisfecho incluso lo innecesario. Pero, para mal de todos, no han sabido ahondar en las necesidades más profundas que afloran cuando las más acuciantes ya están sobradamente cubiertas.
A menudo reconocemos que la existencia parece estar “llena” si el sujeto tiene esperanza. Esta acostumbramos a referirla de forma etérea, posibilitando que pueda contener diversos sentidos, o bien por la dificultad también de concretar: ¿ qué espera el que espera? Esa tonalidad verdosa que asociamos a la esperanza puede adoptar la forma del reino
La incomunicación entre las personas puede producirse por diversos motivos. Creo que el factor común sería la falta de voluntad de que ese contacto se produzca, bien porque interesa mantener vivo un determinado conflicto, bien porque no parece políticamente correcto reconocer la existencia de un enfrentamiento latente, que ya es más que patente. Sobre todo
Quienes destartalan un discurso forjado con dedicación por otro -el cual solo pretende abrir un diálogo- realizan un gesto de soberbia contra el lenguaje por la impotencia de no saber jugar con las reglas que lo rigen. Bordeando, pues, unos límites que se les tornan incomprensibles, despliegan la osadía de deslizar palabras, reconstruir frases, cambiar
¿Quién dispone de la virtud de saber mostrarse? Las generaciones que se han educado socialmente sin pudor sobre su intimidad, no han trazado líneas entre lo público-privado, lo social-lo íntimo, y esta confusión se extiende a veces entre lo que debe ser celebrado y aquello por lo que debe guardarse luto. Porque si todo lo
En el diálogo que se ha ido estableciendo, a trancas y barrancas, entre la “nueva educación” y, por supuestamente contraria, la educación tradicional –que muy bien no sabemos hasta cuándo se remonta- la crispación ha ido en aumento. Unos porque creen haber descubierto “algo” infalible y otros porque sintiéndose absolutamente cuestionados en lo que hacen,