La convicción de que lo auténticamente real debe permanecer siempre estable, e invariable se aleja tanto de la experiencia y del sentido común que si escudriñásemos las implicaciones de esta perspectiva veríamos que real tan solo debe haber algún tipo de ser que no se deja categorizar por nuestros parámetros habituales e irreductible per se.
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Si aquello que denominamos Ser, que algunos entienden como algo inapelable e inefable “ubicado” más allá de lo existente, pudiera darse como contraposición en cada particular existente –sin el cual no sería propiamente- las elucubraciones, sobre lo que sucede tras la muerte, se simplificarían. Cierto es que la aceptación de un final abrupto y sin
Si decimos que el mundo es tan solo un “devaneo óntico” ¿cómo indagar sobre una realidad que puede desbordarnos?
La realidad es esa tozuda invitada, a despecho de la voluntad, que siempre se presenta sin atavíos ni imposturas, para recordar a los asistentes al festejo, que se amagan tras una apariencia falaz para fingir celebraciones que no tienen auténtico motivo, ni lugar. Esa cascarrabias que se impone por la evidencia de ser.
El hombre digitalizado ha reducido el espacio físico hasta un cubículo estéticamente despersonalizado, donde destacan la idolatría dominante, para ampliar su campo mental virtualmente; bien protegido, cree, tras un plasma rajonyano. Lo que parece suceder está algo alejado de esa fantasía protectora. Tendemos a filtrar toda relación por el cedazo de la digitalización, llegando incluso
Solo cuando lo real es mundo, una versión lingüística humana, se generan contradicciones, paradojas y acontecimientos incompatibles.
Obviamente, decir que Dios es –en sintonía con el aforismo anterior- no otorga ninguna realidad objetiva a Dios. El lenguaje como corpus simbólico representa, y de alguna manera amolda, lo real desde la perspectiva del sujeto que dice. Pero no puede, de ninguna manera proporcionar entidad ontológica a algo por el hecho de mencionarlo. Esto
Parpadear la realidad dosifica la mirada.
La destreza que desplegamos en la generación de un cierto discurso, viene avalada por los años de continua lectura y estudio; pero sostengo, además, que principalmente, por el vínculo que este discurso mantiene con la construcción del yo y la identidad. Aunque esta sea -y así debe ser para bien de todos- dinámica, es necesaria