El tiempo ese gran escultor –que decía Marguerite Yourcenar- va cincelando perfiles en continua evolución que dejan de ser, para devenir otros. Así, vamos puliéndonos paulatinamente, mudando convicciones, sentires y cosmovisiones que no constituían ese eje vertebrador que se nos antojaba inquebrantable ¿quiénes éramos entones y qué resta de nuestro ser? Acaso fundamentalmente la actitud
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El tiempo acaba deviniendo el fluir de nuestra existencia, como si no fuese más que una cualidad que nos pertenece. Ignoramos, o actuamos como si, no nos trascendiera su discurrir y declinara con nuestra decadencia. Esta apropiación de lo temporal es una manifestación más del egocentrismo humano, que excede el hecho de que conozcamos el
El tránsito de un año a otro se celebra mediante una diversidad de rituales y festejos a lo largo del mundo. Aunque sabemos que en realidad nada cambia, pues nuestra mente exige una continuidad espacio-temporal (tal vez no sea tan solo una exigencia cognitiva humana) y así, el año nuevo es el día después del
Conforme la concepción del tiempo se dilata la intensidad de las vivencias desgarradoras son las que lo habitan, y la causa de esa percepción interior de lo temporal. Por el contrario experiencias gratificantes y vivificadoras provocan una contracción fugaz de cuanto sentimos, mudándolo en un efímero ensueño que se nos antoja, por breve, imaginado o
“He vivido tan poco que tengo tendencia a pensar que no voy a morir; parece inverosímil que una vida una humana se reduzca a tan poca cosa; uno se imagina, a su pesar, que algo va a ocurrir tarde o temprano. Craso error. Una vida puede muy bien ser vacía y a la vez breve.
La cuestión crucial sobre cómo se gestionan las pérdidas puede resultar un absurdo, si atendemos al hecho de que el hueco vacío, de quien o lo que ya no está, no puede ser más que sufrido. Sugerir que el tiempo desvanece la nada arraigada en nuestro interior es desmerecer la misma pérdida. También podríamos aproximarnos
Desde el momento, en que cegados, no percibimos la barrera de nuestra finitud, nos concebimos siempre con el abanico de la posibilidad desplegado. Solo cuando se imponen como una losa los límites de nuestra existencia, sabemos lo que significa vagar en busca del tiempo perdido.
La edad no es más que una medida humana, y por ello relativa, con la que nos comparamos y nos situamos en el supuesto tiempo de la vida. Mi tesis es que, una vez nacidos, la edad debe equipararse a la experiencia y en consecuencia los años que uno celebra, cada aniversario de su nacimiento,
Hicimos de la elasticidad del tiempo algo infinito, porque así se deslizaban los espacios que nos acogían. Supimos que enredados en el enigma espacio-tiempo éramos casi inmortales, aunque ese trazo que se nos negó para permanecer anudados por toda la eternidad, tuvo una fuerza y un poder imprevisibles, que dio con nuestros huesos, siempre en
En el deterioro de la materia constatamos el transcurso del tiempo y esta fugacidad carente de entidad que mencionamos por sus efectos empíricos se nos antoja ahora una abstracción mental, después una realidad de naturaleza no existente, aunque actúe sobre lo ente. En cualquier caso, un misterio metafísico más, con el que opera la física