Autor: Ana de Lacalle

Lo que queda de día

Los radicalismos que generan entes abstractos para diluir al individuo y erigir a los primeros en sujetos de acción y de derechos no están distantes del relato dominante que anula la voluntad  de los individuos para convertirlos en deseo desinhibido. Ambos cosifican al sujeto para domeñarlo. Europa, España, Catalunya son ficciones urdidas para dotar de

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Traiciones y Mentiras

Se asemejan nuestras acciones furtivas a traiciones perversas. Pero bien sabemos que las apariencias engañan y que, en honrosas ocasiones, aquello que realizamos en secreto no pretende más que evitar daños mayores a los ya padecidos. Supongamos, a modo de ejemplo simplista, que alguien sufre fobia a las cucarachas; obviar que hemos avistado un par

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Humanidad mísera

Decaemos en el umbral de  nuestras miserias, cuando su reconocimiento nos muestra quiénes hemos llegado a ser tras tanto bregar por la vida. Y no es, como pudiera parecer, lamento alguno, sino constatación y conciencia de nuestra profunda humanidad, esa que nos trasciende y nos degrada alternativamente.  Esa naturaleza sin parangón, que pese a quien

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Neuronas moldeadas

Cuando los dedos de las manos se asemejan a gusanos que culebrean desnortados y no hay casi margen de dominio sobre ese movimiento caprichoso, empezamos a alertarnos respecto de cuántos gestos realizamos sin intervención de nuestra voluntad, por aleteo azaroso de conexiones neuronales externamente moldeadas. Si es así, ¿dónde reside la libertad?

Lo genuino del otro

Quedarse sin “habla”, sin capacidad para decir nada ante lo observado, es una reacción genuina y espontánea que curiosamente traza rasgos significativos del individuo al que le sobreviene esta incapacidad. Los hechos que provocan este estado en el  sujeto son relevantes porque no es, por supuesto, lo mismo perder el habla ante un regate espectacular

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