El esfuerzo, la dedicación, el desvelo, con plena conciencia, por dar a tus hijos lo mejor de ti, y si cabe lo que ni tan solo tienes, nunca son suficientes. Ellos se afanan por desvelar lo que no les diste, las carencias que tienen. Quizás porque son los hijos de una generación de “derechos”, más
Autor: Ana de Lacalle
Llegados a una edad, estamos fortificados y, a la vez, desgastados. Nuestro corpus de ideas se ha asentado con más o menos rigidez -eso depende de cada uno- y, simultáneamente, nos sentimos desgastados del esfuerzo de vivir. Ambas circunstancias pueden confluir en una actitud que tienda a relativizar la importancia de muchos acontecimientos, a pesar
El escrito que aparece a continuación está datado en el año 2016. Sin embargo, siempre que vuelvo azarosamente a verme arropada por un nuevo y antiguo sauce llorón despierta en mi una serie de emociones que se mantienen en el tiempo. Es, sin duda, mi árbol. Posteriormente, publiqué otro escrito que podéis consultar, al volverme
Os dejo una entrevista a mons de Marcos Represa sobre el largo diálogo que mantuvimos y que el va presentando en breves vídeos.
¿Y qué otra opción nos queda frente a la fortuna o el desatino de haber visto más allá de lo deseable? Hambrientos por deificarnos, acabaremos en el averno de los cegados por la realidad, donde ni la falta de vista nos consuela de que nuestra mirada, ya vio lo que era mejor no ver.
Afanarnos en que el fluir de nuestro siendo discurra por unos derroteros, y nunca otros que nos provocan escalofrío, no siempre está a nuestro alcance. Como seres reales con determinaciones, sin las que no podríamos constituir esta materialidad fluyente, interactuamos con los Otros, que están ya en nosotros y viceversa, y con un entorno a
“La filosofía (…) se ha planteado un poco el problema de cómo se encuentra uno con los demás en la vida. Pero muchas veces a uno le asalta la reflexión contraria: ¿no será que yo llego a encontrar a los otros en mi vida porque antes los demás se han metido en la mía? Y
Estamos como humanos, tal vez, al borde de un abismo que se ramifica y que puede provocar diferentes “caídas”. Éstas señalan las direcciones en las que nos vamos distanciando de nuestra condición y que, por otra parte, son inherentes a ella. Es como si lleváramos inscrito el nihilismo en nuestro destino, y por avaricia, arrogancia
Escalofriante carta del padre del «teatro de la crueldad» a los directores de lo que durante siglos se denominaron manicomios. El encierro de personas que hoy diríamos están siendo juzgadas desde los neurotípicos y, por ende, incomprendidos, excluidos por no ser normativos, y como señaló posteriormente Foucault, encerrados por el poder para «normalizarlos» por ser









