Nos atenaza el vértigo generado por la separación. Esa marcha ineludible pactada, implícitamente, de antemano. Porque habiendo partido hacia ningún lugar propio, culebrean nuestras entrañas al pensar quién nos añora y ansía regresarnos. Si nadie se siente morir tras nuestra marcha, para quién existimos y quién dará cuenta de nosotros en la despedida final, durante
Categoría: Anagramas
Hay pálpitos que alertan, desde una prudencia temerosa, de lo errado y fallido. Algunos restan subsumidos al pavor y petrificados; otros se empoderan, ante la ventaja que concede el aviso, y hacen de la necesidad virtud, o en otros términos exprimen lo benéfico de lo inevitable.
Hoy, todo se muestra diverso, indefinible y posible por impostura social. Esa multiplicidad conduce a la anomia falazmente ya que en lo relevante y decisivo lo reglamentado es rígido y parcial. Así, quizás esa elástica tolerancia –que en cuanto ilimitada no es más que indiferencia- es la capa aparente que genera una sensación subjetiva de
Los pliegues de la piel amagan experiencias que haciéndose incisivos delinean un rostro propio. Cada concavidad una caída y cada convexidad un resurgir de las cenizas; finalmente una expresión facial con idiosincrasia, que delata la proporción de vida contenida en la existencia.
No sabemos más que languidecer ante el absurdo acontecer que muta abruptamente, sin que logremos hallar una explicación atinada. Acabamos siendo títeres sometidos a una espiral que nos centrifuga el sentido. Así, es harto difícil reponerse y tensar los hilos para que todo devenga una linealidad comprensible.
Todo relato se forja con la intención de legitimar un modo de hacer y actuar, y presentado como verídico ejerce un poder de manipulación mental del que cada cual debe protegerse. La infinidad de discursos se producen, de facto, pero la responsabilidad del patrón asumido es de cada individuo.
El adolescente, el que adolece, no percibe lo recibido, porque su estar solo le permite detectar la carencia. Solo cuando, contemplándose en el espejo, vea su proyección enriquecida, sea capaz de rebuscar de dónde obtuvo tales dádivas y dones.
Vinimos a existir, como individuo singular, por un azar caprichoso, y hallándonos, sin voluntad propia, en esta ciénaga sombría nos exigimos subsistir por imperativo natural. Pero la conciencia, como una madrastra cínica, nos impele a que el existir sea vívido, con un sentido o propósito. De lo contrario, pocos podrán sustraerse de la succión pantanosa
Ser madre, no solo es amar irremediablemente, sino recibir el querer más genuino y espontáneo que puede ser entregado. Cierto es que nunca dejamos de ser madres, y por ello debemos asumir que la manera de ser hijos cambia, porque su necesaria y deseable autonomía nos convierte en personas amadas pero prescindibles. Y esto, que
En los aledaños de la insensibilidad se han instalado efigies de mármol, que en su naturaleza de imagen representan el frío cálculo de quienes abordan los asuntos humanos con rigidez normativa. Sin posibilidad, por epidérmicos, de interpretar el espíritu de las leyes –como destacaba Montesquieu- aplicándolas mecánicamente como robots avanzados (¿?). Así, parece que el