Lo raro lo es por comparación con lo normalizado, es decir lo sometido a los límites de lo establecido socialmente. Pero, cuando un sistema social, hipócritamente, estimula y elogia la aparición de lo raro, éste se torna en lo normalizado y la extrañeza se esfuma, tan solo aparentemente.
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Manejamos sentires distintos en un tiempo común y esa coincidencia desajustada eleva murallas de incomprensión, gestando, a su vez, una distancia inmensurable que nos aboca a una divergencia arriesgada. Será que el trato con los otros evidencia los límites infranqueables de cada sujeto.
Algunos jóvenes padecen el síndrome del desnortado. En especial, los que provienen de familias acomodadas que han proporcionado más de lo aconsejable a sus hijos. Este cuadro existencial –el del síndrome mencionado- consiste en, habiendo accedido prematuramente y sin esfuerzo a cuantos bienes materiales ofrece la sociedad de consumo, sentirse satisfecho materialmente y, por ende,
Quien sabe decir No, percibe nítidamente los límites del yo y el otro, de lo bueno y lo nocivo, especialmente en aquellas circunstancias en que lo obvio, no es más que una apariencia de lo que yace sospechosamente.
Divagamos somnolientos con unas manos prohibidas que desinhibiéndose se posarán como un ungüento de seda acaronando las nuestras. Será ese el instante decisivo, en que le seguirá un abrazo contenido, un reconocimiento facial íntimo y un beso infinito teñido de una ternura inefable. Y tras ese deseo realizado, todo tenderá al final. Porque podemos fantasear
Quien acepta los propios límites, observando desvanecerse cuanto le hubiera sido posible en otros tiempos y ya no le corresponderá, aprende a ser en lo fundamental de su propia identidad. Desprendiéndose de ropajes, que nada decían, en realidad, sobre él mismo.
Dicen que el número trece da mal fario, será por esa suerte que no superaremos la maléfica cifra. Tras años andados, entre la ambigüedad, el miedo, el no reconocer lo acontecido, se imponían destellos de un querer no elegido, casi tropezado, junto con pasiones in crescendo que sugerían un desastre a evitar con todo el
Lo seductor es lo que se muestra exclusivo, en cuanto traspasa límites y obvia lo posible.
El sentido del humor es un recurso imprescindible para mirar el mundo y compartir esa jocosa perspectiva con otros, pero nunca a costa de dañar o injuriar a otros y menos hurgando en sus males. Sin embargo los que desempeñan una vida pública, en lo que hace referencia a ese aspecto y no a su
“La razón humana tiene el destino singular, en uno de sus campos de conocimiento, de hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades.” Kant, 1ªed.Crítica de la Razón Pura. Y así nos perpetuamos,