“Cuando ya tienes todo lo que quieres, ¿qué quieres?” se pregunta al principio de Mojave, filme de William Monahan, el protagonista. Y es que, como ya postularon algunos filósofos, el hombre es voluntad. Esto significa que somos la potencia misma del querer, no su objeto; por ello, no podemos restar anegados en una nada absoluta
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La mentira es un enunciado falso e intencionado. Quien, fruto de su voluntad, dice lo que no es de lo que es, como si lo fuera, pervierte el acontecer para doblegarlo a su interés o urgencia. Algunos desarrollan una inclinación a lo falaz por la fuerza de la costumbre, llegando inclusive a confundir lo ocurrido
La celeridad con la que se descargan las pasiones da cuenta del carácter del sujeto, quien por voluntad las regula con mayor o menor éxito.
Enhebramos agujas con hilos que no suturan y así se deshilvanan propósitos que devienen conatos vanos, y solo bajo la genuina determinación de la voluntad, los fracasos –si los hay- son efectos inevitables.
La voluntad se disfraza de un querer aceptado y loable. Pero, tras esa vestimenta algunos perciben intenciones de aumentar las expectativas y la exigencia. Aunque no sea así, y no ocurra más que una excitación de la hipersensibilidad en relación a los temores que conlleva la responsabilidad. Al fin y al cabo, unos quieren lo
No hay otra forma de vivir que bajo el influjo de lo que nos sucede. Aceptando esta premisa, ante cada zarpazo debemos llorar hasta secarnos, pero una vez vaciados, solo resta la digna reacción de la lucha, cuya fuerza quizás eleve nuestra voluntad y querer más allá del acontecer.
“La ética puede ser definida así: Actúa con plena conciencia, es decir, actúa de tal modo que en cada momento estés Tú al completo, que en cada momento se halle toda tu individualidad. El hombre experimenta esta individualidad en el curso de su vida sólo en momentos consecutivos; por eso el tiempo es inmoral y
La manifestación reiterada de un deseo o querencia, que pueden tornarse en quejas o reproches, provocan en el otro una reacción airada y defensiva que denotan la firmeza de una voluntad exenta de cambio alguno. Será, tal vez, una ausencia de coincidencias, no identificadas pero sustanciales.
Si nada sucede en vano, todo tiene causa y fin. Nosotros títeres sin voluntad real. Si nada sucede por algo, su causa es el azar sin propósito. Nosotros libres en un cosmos inmenso que desconocemos, con voluntad saturada de querer e imposibilitada de actuar. Somos hormigas en una ciénaga ignorada.
La coacción subrepticia ejercida sobre la voluntad de los sujetos, o bien los convierte en títeres abducidos, o, por el contrario, genera en ellos una erupción volcánica.