Autor: Ana de Lacalle
Nunca has vivido una guerra, nos decían nuestros mayores. Y es cierto, nuca me he visto aterrorizada buscando cobijo bajo un cielo plomizo y humeante que amenaza solo con mirarlo. Ni preguntando qué pasa y desde mi paradigma infantil y maniqueo procurar averiguar quiénes eran los buenos y quienes los malos. Ni me he sentido
28 septiembre, 2016 o la vigencia de añejos artículos. Las estrategias de dominación por parte de la autoridad vigente, junto con la tendencia al gregarismo inscrita en la naturaleza humana pueden justificar el sometimiento voluntario de la mayoría de individuos a detarminadas formas de vida y prácticas sociales. Existe una voluntad en los sujetos de
Estremecido por las noticias que emitía la televisión, se vio forzado a desconectar la “caja tonta”—que cada vez percibía como más hábil y sutilmente manipuladora de la opinión pública—. Así que abandonando el sofá, se desplazó hacia la cama para intentar deleitarse con una lectura. Siendo amante de los clásicos decidió enfrentarse a “El
La cruda existencia nos vuelve vulnerables: desprendidos de lugar propio, devenimos víctimas golosas de pasiones desatadas, desnudas de convenciones que nos arrostran, someten y deslumbran. Solo, cuando la voracidad del impulso que busca satisfacción como lenitivo benéfico para soportar lo absurdo, que se encarniza en lo más rastreramente cotidiano, se va desvaneciendo, retomamos
La urbe se extendía por una explanada abrupta. Su fisonomía espejeaba los rasgos diversificados que delataban incisiones profundas en el espacio social. Una zona ornamentada de grandes chalets con jardín, piscina y cualquier otra variedad de boatos cuya profusión resultaba exorbitante; otro encuadre de edificios compuestos de pisos de generosa extensión y ciertas comodidades; y,
publicado por MAYO CLÍNIC
En un arrabal anexo resguardo discretamente la pena, inhumada como si hubiese fenecido a base de ignorarla. Y nadie piense que se apoderó de mí la vergüenza o el pavor de traslucir debilidad ante los fisgoneos ajenos. No, es mi propio temor por sentirme poseída y embadurnada de brea líquida; esa que ennegrece el alma
Comparto este artículo de Pedro Luís Angosto, a mi juicio claro y contundente, para invitar a una reflexión serena a aquellas personas que sucumben presas de un pánico que despierta cada vez más sospechas sobre la veracidad de los hechos que medíaticamente se están difundiendo. Porque como bien sabemos no hay hechos, si no interpetaciones








