Escuecen aún las llagas de una vida no intencionada. Tal vez porque cicatrizan mejor las heridas por causa propia, que aquellas infringidas por el sometimiento ajeno, hurgadas después incisivamente. Acaso resta seguir contemplando cómo supuran o suturarlas definitivamente, porque vivir es un corto tiempo que nadie puede vetarnos.
Autor: Ana de Lacalle
El discernimiento sobre la oportunidad y conveniencia de una acción u otra se transforma, frecuentemente, en una encrucijada laberíntica. Hasta el punto de que hagas lo que hagas, errarás en la decisión.
Existe un lugar oculto donde reposan tus cenizas, cubiertas de hojas muertas y llovidas del invierno. Ahora, que ya se aventura la primavera se esparcirán, como polvo que éramos y somos, azarosamente entre los brotes verdes que culminan en flor. Ya no serán más que un recuerdo, un símbolo de un adiós, silencioso y
La dignidad con la que nacemos en calidad de humanos debe ser respetada por el resto de individuos de la especie. Sin embargo, ese derecho que se nos concede, de entrada, exige su reafirmación durante el periodo vital en la medida en que nuestras acciones refuercen ese merecimiento. Es, algo así, como si un derecho
La aparente calma se perturba súbitamente por las náuseas que derivan en la excreción de una sierpe bucal, como si de residuos se tratase. Lo cual indica que ya no hay digestión posible de lo ingerido, ni en tal caso metabolización que depure lo aprovechable de los deshechos. El ofidio no es más que el
Ser capaces de identificar el legado recibido es necesario para desmenuzarlo y asumirlo, pudiendo después decidir qué destino le damos.
La mala conciencia exige reparar el daño infringido, porque con voluntad o sin ella, a veces, arrasamos los resortes que permiten a otros vivir.
Hace un par de años, no se luchó con la contundencia necesaria contra una ley de la que hoy somos víctimas indiscriminadas. Clica para ver post de mayo de 2916 a través de La Ley -que me a- mordaza
Horrorizados por el salvajismo de “seres” como Bashar Háfez al-Ásad, presidente de Siria tras suceder a su padre que gobernó durante veintinueve años, que asesina impunemente a civiles gaseándolos con armamento químico, disponemos de la constatación empírica, una vez más, de que el holocausto de la segunda guerra mundial no fue más que el instante
Si las palabras devienen ropajes que enmascaran lo sentido como inefable, quizás solo el silencio pueda satisfacer someramente el intento, en vano, de escribir.